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Otra embestida contra Stiuso, ahora acusado de contrabando
Oscar Parrilli
La presentación encabezada por Oscar Parrilli confirmó la voluntad del kirchnerismo de que su batalla final antes de dejar el Gobierno se libre en el ámbito de la clandestinidad. "Gracias a información brindada por la Aduana pudimos llegar a la conclusión de que durante 2013 y 2014 se realizaron 67 importaciones por 94.000 kilos de mercadería que tipificamos como contrabando, porque no estuvo destinada a la SIDE ni a cumplir una función de la Secretaría", detalló Parrilli.
En la óptica de Parrilli los acusados habrían aprovechado las prerrogativas especiales, contempladas en la Ley de Inteligencia Nacional, que le permite a la SIDE importar mercadería que al considerarse material técnico secreto no es sometida a ningún tipo de control. Entre los artículos detectados se habrían encontrado consolas para videojuegos, según Oscar Parrilli.
El Gobierno ha asumido su guerra de espías casi con el conocimiento explícito de que detrás de la presentación de Vera está el papa Bergoglio. Esa tesis blinda expectativas y potencias contiendas de mínimas chances, el ejemplo más notable es la insistencia para que Roberto Carlés sea juez de la Corte Suprema (él mismo ya comenta el staff que lo acompañaría en su vocalía, casi todos funcionarios que ya trabajaron con Raúl Zaffaroni).
Más allá del despliegue, la aparición de Parrilli ayer en Balcarce 50 dejó gusto a poco en algunos despachos del oficialismo. Tras más de dos meses en la cúpula de la SIDE, que incluyeron intensas revisiones y auditorías y con el dato de la mercadería ingresada al país, en el microclima del kirchnerismo el lunes por la noche se especulaba, en diversos corrillos, con que el secretario de Inteligencia se proponía revelar un hallazgo mucho más estruendoso que el ingreso de la consola de entretenimientos.
Tesis que encontraba eco entre los asesores legales del Gobierno que anotaron que, por la característica del caso, Stiuso no será puesto bajo custodia policial en el corto plazo más si se considera que es un expediente de tipo tributario. Prácticamente en la Argentina no hay personas detenidas por evasión tributaria. El caso más conocido encuentra su conexión en el empresario Lázaro Báez: es el financista Leonardo Fariña.
En este sentido el escenario que habría precipitado acciones más rutilantes hubiera sido el de una acusación con carátula de "asociación ilícita". Hasta el momento no parece viable.
Por cierto: la presentación de Parrilli fue seguida con sumo interés desde las áreas del Estado que se verán afectadas por la misma, como por ejemplo la Aduana y demás oficinas que ayer brillaron por su ausencia al momento de mostrar el power point. El momento judicial que vive el Gobierno habilita todo tipo de paranoias.
Con este panorama, ayer se rescataba como dato positivo que el caso tramitará en la Justicia Penal Tributaria, menos permeable que la penal federal a los avatares de la clandestinidad. El juez es Rafael Caputo, cercano al camarista del mismo fuero, Marcos Gravibker.
Stiuso es una figura que alentaba múltiples teorías conspirativas en el oficialismo y que desde la muerte de Alberto Nisman se ha transformado en un adversario a hostigar en ese expediente que tras un mes no logra arribar a certezas esencialmente porque existe un hermetismo, desde la misma pesquisa, sobre la vida personal del fiscal. Ninguno de los testigos que ya declararon, ni siquiera Sandra Arroyo Salgado han aportado datos sobre el entorno humano que rodeaba la existencia de Nisman, un detalle que se torna elemental porque le agrega complejidad a un caso que por ahora no logra encontrar las respuestas elementales.


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