26 de marzo 2010 - 00:00

Otro clásico y un nuevo ídolo

Medel acaba de marcar el segundo gol de Boca después de una gran maniobra colectiva. Al chileno luego lo expulsaron, pero fue una de las figuras del triunfo ante River, que al final sufrió las cargadas de la hinchada xeneize.
Medel acaba de marcar el segundo gol de Boca después de una gran maniobra colectiva. Al chileno luego lo expulsaron, pero fue una de las figuras del triunfo ante River, que al final sufrió las cargadas de la hinchada xeneize.
Se dice que hay que saber jugar estos partidos, haciendo referencia a la actitud, a la entrega, a la concentración, a entender que por más que se juegue con una pelota y ante once rivales, el clásico no es lo mismo. Es difícil de explicar pero muy sencillo de entender. Y en esa comprensión es donde Boca solidificó mucha de la enorme ventaja que le sacó a River en un poco más de los 80 minutos que se debían completar del lluvioso domingo pasado.

Toda esa superioridad se reflejó rápidamente en los números: a los 13 un tiro libre rasante de Riquelme encontró la punta del botín derecho de Gary Medel y abrió el marcador, en la primera aproximación al arco de Vega. Si bien los de Astrada tuvieron chances (tiro libre de Gallardo, mano a mano de Funes Mori), esa ventaja mínima no corría riesgo y tenía un marco de justicia. Encima Boca mostraba contundencia en una enorme jugada colectiva al comienzo del complemento que terminó en un derechazo misilístico de Medel para poner el 2 a 0.

El polifuncional trasandino tuvo su tarde inolvidable por el doblete, por haber mostrado el carácter suficiente y la categoría para estar a la altura de las circunstancias en un superclásico, a pesar de haber entrado en el juego que le propuso Gallardo (lo provocó con ese objetivo) y terminó viendo la tarjeta roja por pegar sin pelota. Se fue ovacionado, pero no aporta esa versión en un hombre clave para este Boca.

La imagen de la impotencia que transmitió River desde el campo prende una alarma en el futuro a corto y largo plazo, y eso, como era de esperar, terminó haciendo el caldo gordo a la hora del «gaste» de los vencedores a los vencidos. River sólo marcó ocho goles en el torneo, y si bien a Boca no le sobra nada, el triunfo alcanza para tomar aire y sacar pecho, nada más, pero qué importa, todo parece tomar color cuando se gana en el clásico. Y en esta época eso vale mucho.

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