10 de julio 2015 - 00:00

Pacto con Irán vuelve recién tras elecciones

 La definición sobre la constitucionalidad del pacto firmado con el Gobierno de Irán quedará para después de las elecciones presidenciales. El pasado miércoles a última hora los abogados del Estado recusaron a Juan Carlos Gemignani y ahora todo el tribunal se encuentra objetado. Esta semana tanto Ana María Figueroa como Claudio Vázquez fueron recusados por las entidades de la comunidad judía. Esta saga de acciones debe ser considerada por los propios integrantes de la Sala I, pero si no hubiera acuerdo mayoritario (de seguro no lo habrá) deberán entrar a definir los subrogantes Roberto Boico y Norberto Frontini. En tanto, en los próximos días se estaría reincorporando la jueza Ángela Ledesma que había sido reemplazada por la propia Figueroa.

El giro de los acontecimientos tiene consecuencias notables, casi linderas con la paradoja. Semanas atrás, antes de ser removido y erigirse como paladín del republicanismo, el juez Luis Cabral avisaba al Ministerio de Justicia que la definición de la causa del memorando quedaría para después de la temporada electoral. Era parte de sus diálogos cotidianos con el oficialismo, siempre dominados por los asuntos del Consejo de la Magistratura. Finalmente todo sucedió según lo conversado: la causa seguirá en la Casación por lo menos hasta noviembre (sólo que ya sin Cabral).

Todo lo relacionado con el caso AMIA es un enredo mayúsculo en la Casación porque la gran mayoría de los camaristas o bien están excusados (como ocurre con Gustavo Hornos o Alejandro Slokar) o directamente fueron recusados (Liliana Catucci, por supuestas conductas cercanas al antisemitismo).

En este escenario ganan notoriedad los subrogantes Vázquez, Frontini y Boico. Por cierto, el destino inmediato dirá si fue razonable que los tres terminen atendiendo en un mismo tribunal. A sus propios colegas, incluso algunos de buena llegada al oficialismo, les irrita que abogados sin amplia trayectoria o experiencia en la estructura judicial hayan desembarcado, gracias al contexto político, en el máximo tribunal penal del país. Obviamente quien debe lidiar con la situación más incómoda es Boico, que tiene buenas chances en el concurso para la Casación que tramita en la Magistratura. Cualquier paso en falso podría frustrar sus aspiraciones.

El entramado del pacto con Irán además de haber generado duras disonancias internas en la Cámara implicó, esta semana, un correlato áspero hacia el exterior cuando la titular de la Casación, Figueroa, poco más debió justificarse en la reunión de los camaristas con Ricardo Lorenzetti en la Corte Suprema.

En los momentos de cierta tensión Figueroa buscaba con la mirada a María Laura Garrigós de Rébori (Justicia Legítima), pero Garrigós estaba más concentrada en la hora con el fin de evitar la movilización organizada por el gremio de magistrados frente al Palacio de Tribunales. Su aparición en las escalinatas podría haber devenido en un episodio incómodo.

La burocracia en la cual se sumirá el caso del memorando dará lugar a otras inquietudes en la Casación, sobre todo en los próximos tres meses, referidas a si finalmente el tribunal será completado por el concurso que se desarrolla en la Magistratura. La sobreactuación de los últimos días (tanto la de los jueces como la del Gobierno) hace ahora un poco más difícil cualquier acuerdo para obtener nueve votos que permitan girar las ternas a Balcarce 50.

Cabral por el momento no prestará su voluntad y en la Asociación de Magistrados se observa de cerca al juez Leonidas Moldes para que éste haga lo propio a pesar de pertenecer a un espacio distinto del bordó. Las mismas expectativas se vuelcan desde el macrismo en el caso de la abogada Adriana Donato, especialmente ahora, que ésta ha desarrollado una mayor autonomía.

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