12 de mayo 2015 - 01:50

Papa Francisco, EE.UU., Raúl Castro y el sueño de una noche de verano

Armando Ribas
Armando Ribas
 papa Francisco y Raúl Castro parecen coincidir y por tanto será recibido en el Vaticano. Ambos están y aparentemente han estado en contra del sistema capitalista, que fuera la denominación dada por Marx para descalificarlo éticamente como la explotación del hombre por el hombre. La diferencia entre ambos es que Raúl mató y mata para lograr su objetivo de lograr destruir al sistema capitalista en Cuba, y lo logró. Veamos los resultados. No obstante pareciera que en estos momentos se estaría acercando nuevamente vía Obama. Francisco, por el contrario, evidentemente tal como lo había previsto Aristóteles en la demagogia ama al pueblo.

Podría decir que ante esa coincidencia previa en el objetivo y la diferencia en el método, se estaría dando una inconsistencia de ambos en estos momentos históricos. Primeramente, porque Raúl, como antes dije, parecería estar proponiendo la creación de lo que se ha denominado capitalismo de Estado, y todo parecería indicar que los empresarios norteamericanos están entusiasmados ante la posibilidad de volver a invertir en Cuba.

Respecto de la inconsistencia del Papa, me permito decir que más allá de su error de concepción, pues el socialismo en nombre de la falacia de la igualdad ha sido y sigue siendo un fracaso indiscutible, no tengo dudas respecto de sus buenas intenciones. Pero entonces tampoco puedo comprender que pueda ignorar los crímenes cometidos por los Castro y así como la destrucción que hicieron de la economía de un país que en 1959 tenía el nivel de vida más alto de América, así como la presente falta de libertad de los cubanos en Cuba.

Creo y voy a insistir entonces en que sería conveniente que Francisco leyese a su antecesor, León XIII, quien en 1891 ante la evidencia del éxito político y económico logrado por el respeto por los derechos individuales escribió la encíclica Rerum Novarum. Y allí sostuvo: "Que en la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad por ella los socialistas, pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud, ni las fuerzas; y la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad".

No debiera caber duda de que subyace en ese mensaje el principio de la "mano invisible" de Adam Smith. Y así podemos ver también el pensamiento de John Locke y de David Hume sobre la naturaleza humana. Evidentemente León XIII ya en ese tiempo se había percatado del hecho histórico ineludible y que nos presenta hoy William Bernstein en "El Nacimiento de la Abundancia", que hasta hace unos doscientos años el hombre vivía como Jesucristo.

Lamentablemente esa sabiduría que había sacado a la Iglesia del denominado ultramontanismo fue desconocida por Pío XI cuando a partir del Concordato de Letrán en la Quadragesimus Annus se aceptó el pensamiento de Lenín de incluir a los capitalistas. Así surgió el fascismo en Italia con Mussolini y más tarde llegó a la Argentina con Perón. Años después me atrevería decir que Pablo VI aceptó el criterio descalificador del comportamiento de los hombres expuesto por Marx en el Manifiesto Comunista y en la Populorum Progressio escribió: "Los hombres ya no se unen por amistad sino por interés". O sea lo que Marx denominara el "cash nexus" (el nexo del efectivo). Así se olvidó de que para Marx la religión era el opio de los pueblos.

No me cabe la menor duda de que Francisco en algunos aspectos que no están directamente relacionados con la política ha tomado algunas decisiones favorables. La primera es la de aceptar públicamente la multiplicidad de religiones y el respeto de ellas; también se ha tomado el riesgo que no se atrevió a tomar Benedicto XVI de enfrentar la corrupción del Banco Vaticano, así como los numerosos casos de pedofilia de los curas en la Iglesia. Por todas esas razones no me cabe la menor duda de sus buenas intenciones, pero ya sabemos que de buenas intenciones está plagado el camino del infierno. Y como dijera Hanna Arendt, "cuando en nombre de la compasión se violan los derechos, desaparece la libertad". Y Ayn Rand: "La compasión no genera una hoja verde, y mucho menos un grano de trigo".

En 1991 el papa Juan Pablo II escribió la encíclica Centesimus Annus, y allí dice: "De hecho donde el interés privado es suprimido violentamente, queda sustituido por un oneroso y opresivo sistema de control burocrático que esteriliza toda iniciativa y creatividad". Juan Pablo II rescata el pensamiento de León XIII sobre la validez del interés privado y en ello reconoce el principio que Locke considera fundamental de la libertad, que es el derecho del hombre la búsqueda de la felicidad.

Al inicio de su reciente encíclica "Evangelii Gaudium", Francisco dice: "El gran riesgo del mundo actual,

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