4 de junio 2010 - 00:52

Para Solá, Kirchner forzará unidad del peronismo anti-K

Felipe Solá, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Mario Das Neves
Felipe Solá, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Mario Das Neves
El repunte, tan leve como discutido de Néstor Kirchner en las encuestas, produjo un efecto indeseado para Olivos: el peronismo opositor, universo donde cohabitan Eduardo Duhalde, Felipe Solá y Francisco de Narváez, empezó a palpitar como un proceso irreversible su unidad.

No hay, ahora, ningún indicio de acuerdo. Es más: los gestos públicos y privados de los protagonistas de ese póquer atentan, casi a diario, contra esa fusión. Sin embargo, así como no hay un pacto irrumpió una «conciencia de unidad», forzada, obligada, previa al 28-J.

Esa «conciencia de unidad», definición casi kantiana que acuñó Solá, aparece como argumento para presumir, o desear, que a pesar de los cruces, las bravuconadas y los recelos cruzados, los caciques del PJ anti-K terminará, en el tramo final, sellando un acuerdo global.

Repetición

Todo por un solo motivo: para evitar -o tratar de- que gane Kirchner. Ocurrió en 2009 y, arriesga el ex gobernador -lo asumen, tibiamente, cerca de De Narváez y Duhalde-, se repetirá en 2011. El formato, el ordenamiento de ese puzzle, es otra cosa.

¿Cómo se repartirán las butacas de una hipotéticamente lista peronista anti-K Duhalde, Solá y De Narváez? «No es momento para esa discusión», se ataja Solá, que hoy volará a Chubut, invitado por Mario Das Neves, a quien imagina como parte de ese frente disidente.

El debate, con el chubutense, rondará sobre un eje: competir por dentro o por fuera del PJ que controla Néstor Kirchner. Solá fue el primero en avisar que irá por afuera pero De Narváez, como Das Neves, gritan que competirán en la primaria contra Kirchner.

Duhalde susurra algo parecido pero conoce, como pocos, el costo de disputar una interna sin el control de los organismos partidarios y la estructura. Otros caciques, como Juan Carlos Romero, Ramón Puerta o los Rodríguez Saá comparten esa expertise.

Uno de los datos que alteró el búnker de De Narváez en Las Cañitas -y que desató un cuestionamiento al rigor de la encuesta de Julio Aurelio- fue el referido a que en una potencial interna en la provincia, el diputado pierde ante Daniel Scioli -por casi 15 puntos- e incluso ante Sergio Massa -por 7 puntos-.

Solá interroga: «¿Si Kirchner gana la presidencial y Francisco la provincial... De Narváez va a ir en la misma lista que Kirchner?». Lo que el ex gobernador expone como un problema otros entrevén como razones para un acercamiento entre los rivales de 2009.

¿Y Mauricio Macri? A priori, Solá lo excluye de la grilla porque le atribuye actitudes soberbias: «Que sepa que el peronismo no tendrá un candidato a presidente que no sea peronista», le avisa y lo imagina replegado en Capital, para reelegir. Eso cancela, además, la chance de sumar sectores de la UCR. Lo afirmó con una parábola: «Al revés del peronismo, los radicales se encierran en el radicalismo a medida que se acercan las elecciones».

De vuelta a Macri. «Con Mauricio estamos dispuestos a hablar pero en la medida en que no venga con la condición de ser candidato a presidente», amansa Solá su planteo, en el tramo final. A su lado son más explícitos: en spring final del PJ anti-K para la presidencia estarán Duhalde y Solá.

Intendentes

En ese esquema el candidato bonaerense sería De Narváez porque a Massa tanto Solá como Duhalde y el «Colorado», lo ubican en el tablero digitado por Olivos. Sobre los intendentes del peronismo -mantiene diálogo con alguno de ellos- emite otro dictamen. «Se van a mantener juntos -asegura- para negociar en bloque con el próximo presidente».

Solá explora, además, otros dos elementos. Uno apunta a la sospecha, alimentada desde sectores de la oposición, respecto de un posible adelantamiento de las elecciones. Es terminante: dice que sería necesaria una ley que no pasaría por el Congreso.

Pero, sobre todo, expone un argumento político: los Kirchner no soportarían, en caso de perder, tener que permanecer en el Gobierno más de dos meses tras una derrota. Sugirió, elíptico, un proceso de elecciones anticipadas podría forzar una entrega anticipada del poder.

En la sobremesa, Solá se zambulló en zona hostil pero, precavido, citó el copyrigh (un consultor) de la teoría que indica que los Kirchner jamás llegaron a los niveles de imagen positiva -70% o más- que rezaban las encuestas sino que eso era producto de la «bolsa» de contrataciones que administraba Alberto Fernández.

Traducción: las encuestadoras inflaman los números del matrimonio, lo que explica, según la teoría, que luego se derrumbarán hasta los índices actuales con más del 50%, como mínimo, de rechazo. Con un dato adicional: imagen e intención de votos, en Kirchner, están atados.

Un argumento para dudar del repunte del ex presidente pero, a su vez, un contraargumento al deseo, o estrategia, de que el peronismo anti-K se esfuerce por unirse con el objetivo preciso de impedir que Kirchner sea reelecto.

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