29 de agosto 2023 - 00:00

“Pichón”: examen de la violenta rebeldía de un joven de clase alta

Diálogo con Loyds (Jorge Ignacio Lebrón), que recuperó para las letras un estrato social últimamente olvidado.

Loyds. “Hablo de los tradicionalistas que se resisten a cualquier cambio”.

Loyds. “Hablo de los tradicionalistas que se resisten a cualquier cambio”.

Rancio, agresivo, rabioso de volverse treintañero, abroquelado con uñas y dientes en su clase social, “Pichón” (Emecé) es el hijo menor de la acaudalada familia de Buenos Aires con la que Loyds (Jorge Ignacio Lebrón) recuperó para la literatura argentina el mundo de la clase alta, que ya lleva las exitosas novelas “Merca” y “La mamá de Johnny”. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Que lo llevó a registrar los enfrentamientos que un muchacho de la clase alta tiene con su familia?

Loyds: Pichón, el más joven de la familia, se dirige a los miembros de su grupo en una suerte diálogo monologado, en una especie de diatriba enloquecedora. Sólo sabemos lo que Pichón dice, no aquello que le responden, que queda en puntos suspensivos. Uno se da cuenta de lo que le pueden contestar por lo que Pichón les responde. Cada capítulo lleva el nombre de alguien diferente de su familia, una persona con la que se enfrenta: madre, padre, hermana, hermano, su pareja y su psicólogo, con el que habla de ellos y de sí mismo. De manera verborrágica va registrando su mundo, revelando su ser, su violencia, sus rencores, sus anacronismos, su resistencia a los cambios de paradigma. Su voz tiene la actualidad de ser ejemplo de gente muy tradicionalista y reaccionaria que no está dispuesta a cambiar ni un ápice. Siento un especial interés por el mundo, la forma de ver y pensar de la gente de la clase más acomodada.

P.: Algo que viene desarrollando con sus novelas anteriores…

L.: “Pichón” continúa esa saga donde busqué dar un retrato de clase a través de una familia pudiente de Buenos Aires, de esta novela son antecedentes “Merca”, un relato en presente, con mucho vértigo, y “La mamá de Johnny”, que fue un spinoff del protagonista de “Merca”, el hermano mayor de Pichón. Con la novela sobre la madre tuve el desafío de contar desde una voz de mujer.

P.: ¿Por qué Pichón impone a su pareja, una modelo, su modo de hablar?

L.: Los modismos de lenguaje marcan la pertenencia social. Pichón quiere pulir a Fa, así llama a Fabiana, su pareja -que vendría a ser como de otro palo- para que se adapte a su clase social. Está obsesionado con eso y cuando no lo logra se violenta, la maltrata y hasta la golpea. Quiere que Fa supere, al menos en el lenguaje, en su forma de hablar, su diferencia de clase y se adapte un poco a la suya. Creo que el lenguaje es uno de los primeros cortes de clase. Hay gente que por las palabras que usa el otro lo diferencia, lo margina. Hay en eso algo muy discriminatorio que ocurre en todas las sociedades, pero que entre nosotros es muy notorio.

P.: ¿Buscó que la gente a la que hace referencia Pichón pudiera ser reconocible?

L.: Se trata de familias que se auto perciben aristocráticas, como casi de una especie de nobleza europea que en la Argentina nunca existió. Siempre me causó mucha gracia eso de la alta alcurnia. Los que piensan que porque tiene dos apellidos y un escudo improbable tienen una pertenencia que los acerca a las noblezas de donde dicen que provienen sus ancestros. Esa fantochada es fácil de caricaturizar. En mis novelas me burlo de eso, lo pongo de relieve y en ridículo. Estaba bueno mostrar a través de una familia las miserias de una clase.

P.: ¿Pichón se basa en una familia con campos, casas en Miami y Punta del Este, para ser orgullosamente un reaccionario?

L.: Pichón no tiene ningún dique de contención, no le importa ser hiriente. Cada vez que enfrenta a un interlocutor lo agrede, después trata de arreglarlo con un chiste. Siempre está pinchando, lacerando, dejando un tendal a su alrededor. No tiene filtro, dice cualquier barbaridad. Con su padre, el gran proveedor, tiene una disputa heavy, pero siempre termina cediendo porque el padre no lo considera un rival digno. Con su pareja la agresividad llega a lo físico. Quise poner de relieve algo que nos está sucediendo. Vivimos un montón de cambios muy afianzados en lo discursivo pero que en la práctica no se condicen. Hombres que dicen estar deconstruyendo los viejos modelos, se juntan con tres amigos a jugar al póker y son los cavernícolas de siempre.

P.: ¿La madre es la única mujer a la que Pichón considera?

L.: Tiene un profundo Edipo y se siente abandonada por ella desde que se volvió a casar y se instaló en Punta del Este, y era su compañera de copas. A Pía, su hermana, la preferida de su padre, la perfecta, la detesta.

P.: ¿Cómo escenifica esa clase alta?

L.: Lo que escribo parte de la observación y muy poco de la imaginación. Me nutro de lo que he visto, de familias con las que me he cruzado, de chismes, cuentos y anécdotas. Cuando estoy en modo escritura prendo un radar y encuentro lo que me sirve. De pronto me puede ayudar una serie como “Susseccion” o “Downton Abbey” o la novela “Menos de cero” donde Bret Easton Ellis retrata a los jóvenes millonarios de Beverly Hills.

P.: ¿No cree que tiene que seguir la saga contando del padre y de la hermana?

L.: Por el momento la historia se detiene en esta trilogía. En algún momento voy a volver porque hay mucha gente entusiasmada con los personajes de esta familia y, sobre todo, me piden que cuente del padre, el sostén de ese mundo.

P.: Ahora, ¿en qué está?

L.: Muy enfocado en tratar de concretar el proyecto audiovisual. Una película o una serie con las tres novelas. Ya hay un piloto de “Merca”. En cuanto a la novela que estoy escribiendo es un cambio rotundo. Cuento de lo que me pasó cuando pateé el tablero, dejé mi pasado de abogado, me fui a vivir a Madrid, todo lo que hice y cómo me convertí en escritor.

Dejá tu comentario

Te puede interesar