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PJ: el malestar K forzó una tibia desmentida rebelde
Raúl Pérez
Con balance de costos todavía incierto, los diputados del PJ bonaerense que el lunes al mediodía -en la casona que Horacio González ocupa en la calle Libertador, de Pinamar- deslizaron planteos de alerta sobre el destino electoral del peronismo hicieron, ayer, la previsible desmentida.
Fue, claro, ante la furia del ex presidente y, en menor medida, de Daniel Scioli, frente a los comentarios críticos que trascendieron del encuentro del que participaron más de 20 diputados, encabezados por González, presidente de la Cámara, y Raúl Pérez, jefe del bloque.
Así como el martes, en Gobierno, hubo intriga y menciones despectivas sobre la cita, ayer la situación llegó más lejos, y varios ministros, entre ellos Florencio Randazzo, Aníbal Fernández y Julián Domínguez, «hablaron» con diputados bonaerenses para que «aclaren el tema».
El teléfono que más sonó fue, naturalmente, el de González, porque el dirigente de Ituzaingó fue quien organizó el almuerzo, convocó a los diputados y puso la casa para la reunión.
El presidente de Diputados se defendió con el argumento de que no hubo críticas globales, pero admitió, en paralelo, que hay «diferentes opiniones» en el bloque y que éstas se expresaron durante el almuerzo.
Así y todo, el propio González, junto a otros diputados presentes en la reunión, salió a ratificar su acompañamiento a las gestiones del Gobierno nacional y del provincial mientras que el jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez, se esforzó por negar que exista una rebelión de diputados.
En esencia, el grueso de los legisladores reunidos en Pinamar tiene miradas críticas sobre la gestión del Gobierno de Cristina de Kirchner y sobre el de Scioli, a pesar de que hay matices y, en general, la decisión de acompañar ambas administraciones.
El antiguo axioma peronista de verticalidad partidaria. Pero de ahí a que esos mismos dirigentes, de acá a 2011, sigan formando parte del dispositivo K, sobre todo si se insiste con la postulación de Kirchner, es otra historia.
Es más. Ayer se montó un operativo para «pasar factura» a Pérez, como jefe del bloque, movida en la que participaron ministros nacionales. Con el correr de las horas, aunque la intención todavía no se desactivó, fue perdiendo fuerza.
El motivo es simple: una avanzada del kirchnerismo ultra sobre el bloque podría derivar en una fractura que reduzca la bancada oficial, que debe acompañar los proyectos de Scioli, de 35 a 25 -o incluso menos- la cantidad de diputados. Para el gobernador, sería el peor negocio.
Más allá de las desmentidas, quedan algunos datos. Diputados intentará, más allá de este sacudón, posicionarse como «actor» político en el PJ bonaerense. En paralelo, para la Casa Rosada, y también para Scioli, será cada día más complejo mantener el alineamiento de esos sectores.
Un tercer factor tiene que ver con el rebote de ese episodio en la carrera por la gobernación. Se imputa a los promotores del «relato» del almuerzo ser funcionales a las pretensiones de Sergio Massa y a su socio móvil, Pablo Bruera. Así lo ven en La Plata, en gobernación y en Diputados, y en la Casa Rosada.
El descontento, síntoma recurrente en el PJ, no se cura -lo sabe Kirchner- con un mail rectificatorio.


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