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Polesello: adiós a un creador de estilo inconfundible
Rogelio Polesello murió cuando preparaba y esperaba con ilusión la muestra antológica que le dedicará el Malba en junio de 2015.
"A veces no duermo pensando como será mi muestra en el Malba (en 2014). Tengo ganas de abrir la pared de la sala para que la exhibición se pueda ver a través de las esculturas de acrílico. Todavía tengo que elegir un curador y fotos para el libro. Es un laburo tremendo. Encima tengo todo apilado, tirado por ahí, adelantó en una entrevista hace unos meses a propósito de esa muestra.
Nacido el 26 de julio de 1939 en Buenos Aires, Polesello se formó en la Escuela Manuel Belgrano y se graduó de profesor de dibujo, grabado y escultura en la Prilidiano Pueyrredón, pero el rumbo de su arte se terminó de sellar en una agencia de publicidad, donde trabajó algunos años. La experiencia en el mundo publicitario moldeó acaso el rumbo de su producción, definida por una versatilidad a la hora de experimentar con materiales no convencionales que acompañó con la decisión de moverse por el arte sin mapas ni brújulas impuestas por el canon.
"El arte está en todos lados, no se limita a las grandes obras ni a los museos. Todo se puede convertir en arte, sólo depende de la actitud del creador y del observador", aseguró alguna vez el artista.
Polesello presentó su primera exposición en 1959 y ganó fama en los tempranos años 60 con sus geometrías y con la magia de sus esculturas de acrílico. Frente al inocultable hechizo de estas obras, el crítico Ricardo Martín Crosa, destacaba: "Sus lentes podrían no ser más que eficaces instrumentos de mil hallazgos visuales, si no tuvieran una raíz mágica, que se despierta con fuerza inusual en algunas obras".
También en sus pinturas alcanzó un estilo personal e inconfundible, con el uso de sopletes para aplicar en las telas colores radiantes.
A pesar de su aparente simplicidad sus obras poseen un diseño complejo y por momentos cinético.
Sus obras están desplegadas en colecciones particulares y grandes museos, como el Guggenheim de Nueva York, el Tamayo de México, la Colección Rockefeller, el Museo Nacional de Bellas Artes y el Malba.Los premios también acompañaron su trayectoria, entre ellos el del Salón Esso de Artistas Plásticos de Latinoamérica (1965), el Braque del MNBA (1968), el Gran Premio de Honor LVII Salón Nacional (1988), el Primer Premio Mural INET (1998), el Gran Premio de Honor del FNA (PK) (2003), el Trabucco de la ANBA (2006) y el Konex por partida doble, en pintura y escultura.
La versatilidad con los materiales y los soportes acercó a Polesello a campos poco convencionales para un artista -como el diseño de la pintura de un automóvil para un coleccionista- pero también a incursionar en el arte social con un mural para el subte, otro en el aeropuerto de Ezeiza y el monumento a los Héroes de la Batalla de la Vuelta de Obligado. Esta última, emplazada en noviembre de 2010 a orillas del Paraná y cerca de San Pedro, dejó grandes cadenas de hierro, inspiradas en las que se usaron en 1845 para detener el avance de la flota anglo-francesa
La dinámica imagen de "Eclipse", el mural que pintó en el aeropuerto de Ezeiza es la expresión de arte público más visible del artista, brinda sobrada prueba de su talento e impedirá que su nombre caiga en el olvido. Plenamente abstracta, la pintura ubicada en la terminal de las "Partidas" reitera los colores vibrantes del arco iris, que es la marca registrada del autor. Con una extensa línea cóncava que domina de Este a Oeste toda la superficie del mural curvándose suavemente, la obra resulta tan aerodinámica que anticipa la sensación del vuelo y se adaptó con facilidad a la arquitectura neutra del nuevo edificio.
La pintura luce como una señal, como un horizonte luminoso en medio de un día nublado, marca un estilo con su secuencia de ritmos y colores que, a la vez, se contrapone a los espacios negros del "eclipse".
Su viuda, Naná Polesello, deslizó ayer que quizás la casa del artista se convierta en museo y sobre sus últimos trabajos, recordó que estuvo pintando unas motos para el coleccionista Jorge Gómez y que pintó autos para marcas como Ferrari y Porsche, "y hasta se dio el lujo de intervenir una moto de Harley Davidson".
Sus restos fueron velados ayer en la Legislatura porteña, y luego trasladados al cementerio Jardín de Paz de Pilar.


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