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Por ausencias, Lorenzetti envía señales y la Corte se repliega
• Nuevo cónclave con sólo cinco jueces.
• Más difícil lograr sentencias.
• El enigma Boggiano.
Ricardo Lorenzetti y Eugenio Zaffaroni
Ricardo Lorenzetti es por estas horas el defensor más sofisticado que tiene el Common law británico en el cuarto piso de la calle Talcahuano. Se trata de un esquema jurídico sustentado más en las líneas jurisprudenciales construidas a partir de sentencias que en el entendimiento circunstancial del juez. "Las Cortes que marcan jurisprudencia son aquellas en las cuales las ideas y los principios están por encima de las personas", dijo ayer el justice.
Luego del acuerdo mantuvo un encuentro con los funcionarios de la Corte a los cuales les pidió tranquilidad ante los cambios en la composición del tribunal que se iniciaron meses atrás con el deceso de Carmen Argibay. La preocupación encuentra el origen en la cantidad de empleados que la Corte tiene actualmente como una consecuencia natural de las oficinas impulsadas por Lorenzetti para promover políticas públicas desde el Poder Judicial.
La clave no sólo está en las ausencias. El deceso de Eduardo Moliné O'Connor, ayer por la mañana (ver nota aparte) recordó el reclamo que el exministro había realizado ante la Corte Interamericana para ser repuesto en su cargo en el tribunal a partir de que el juicio político que vivió en el Senado, y por el cual fue destituido, habría sido irregular. Ese caso ya es abstracto, pero no así el de Antonio Boggiano. De hecho, ha comenzado a instalarse en los conciliábulos del Gobierno antes que en los de la Corte que es muy probable que la Corte Interamericana reponga a Boggiano por entender que fue apartado por el contenido de sus sentencias y no por los causales necesarios.
Años atrás hubo un planteo similar de un ministro de la corte peruana que había sido eyectado de su despacho en el Gobierno de Alberto Fujimori. El tribunal con sede en Costa Rica lo repuso en el cargo. En los casos en los que la reposición equivalía a superar el número reglamentario de miembros, se establecía que apenas se genere una vacante el litigante sea devuelto a su rol de supremo.
Esa realidad, en la Corte, tendrá lugar con la salida de Zaffaroni siempre y cuando no se generen nuevas ausencias. Es un dato estimulante en ciertos ámbitos inquietos con el panorama económico actual ya que Boggiano tiene expertise en derecho financiero y antes de llegar a la Corte atendía en uno de los estudios más grandes de derecho empresarial.
Enjuiciado en el Congreso por el kirchnerismo, un fallo a favor de su reposición sería un desafío imperdible para una administración que, en los mismos tribunales internacionales, busca una revisión de las decisiones adversas de un juez del distrito Sur de Manhattan.
Más allá de esta posibilidad, la incertidumbre en cuanto a la integración lleva a la Corte a abocarse a cuestiones estructurales del Poder Judicial y a prescindir de las determinaciones más estruendosas y que importan al poder. El tránsito de las firmas entre las vocalías es tedioso hasta que se reúnen las cuatro voluntades que requieren un fallo.
En ese sentido, los ministros observan a Zaffaroni cada vez más cerca de los avatares de la política en una mezcla de fastidio y atracción porque si bien no están conformes con sus últimas apariciones, miran con atención su desempeño televisivo en las noches de la señal estatal y luego comentan entre ellos y con sus secretarios los pasajes más entretenidos.
Ayer los ministros firmaron una acordada expresando el lamento por la muerte de Bacqué. Sin embargo, quien más lamentó su deceso no estaba ayer en el acuerdo. Se trata de Petracchi, con quien el exministro se reunía a comer pasta y a beber vino en el mismo restorán de siempre en un ritual que era imperdible por el vuelo de esas conversaciones en las cuales convivían la política, los libros y el arte de la buena vida.


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