Una conjunción de precios altos, caída de ventas, competencia desleal de los puestos callejeros e incertidumbre por el valor real del dólar está dejando a muchos comerciantes fuera del juego, y vuelven a verse locales vacíos, algo que no sucedía desde hace al menos un lustro. Por eso, muchos comerciantes están tratando de renegociar a la baja sus contratos de alquiler, y convertir a «dólar celeste» sus locaciones pactadas en moneda extranjera.
Las calles y avenidas más caras, en términos inmobiliarios, son -en este orden- Florida, Santa Fe y Cabildo. Un local mediano en la principal peatonal del país cuesta -entre alquiler, expensas e impuestos- unos u$s 10.000 mensuales; el precio por alquilar en las otras dos avenidas ronda de un 15% a un 30% menos que en Florida, dependiendo de la ubicación y de qué mano de la calle se encuentre la propiedad (en Santa Fe los locales sobre la mano hacia el centro son más caros que los de enfrente).
Hasta hace algunos meses, esos $ 30 a $ 45 mil mensuales constituían un valor «razonable» en función de las ventas que se hacían. Ese panorama cambió por varios factores:
Como consecuencia de lo apuntado, están produciéndose tres fenómenos:
Todavía es demasiado temprano para establecer una tendencia, porque cada caso es particular: hay locadores dispuestos a rebajar «de facto» el alquiler cobrando en pesos «celestes», y otros que se muestran irreductibles confiando en que por su «mercadería» siempre habrá alguien dispuesto a pagar.
En los barrios, en cambio, el panorama comienza a ser más preocupante. Avenidas que rebosaban de actividad están comenzando a verse desoladas, con locales cerrados y mucha menos gente circulando y comprando. Es el caso de los varios centros barriales que se enhebran a lo largo de la avenida Rivadavia (Once, Caballito, Flores, Floresta, Liniers), Villa Urquiza, Villa Lugano y hasta el Belgrano «off Cabildo».
Y si bien Avenida de Mayo no es un barrio sino el centro, esta otrora floreciente vía exhibe un panorama desolador, con persianas bajas y pintarrajeadas por los manifestantes que suelen recorrerla a diario, entre Plaza de Mayo y el Congreso.
Incluso en las varias versiones de Palermo comienzan a advertirse cortinas bajas donde hasta hace poco había restoranes, bares y boutiques de diseñadores, cuyos principales clientes eran los turistas extranjeros.
En los shopping centers el panorama es levemente diferente: las promociones de los bancos allí se sostienen, las ofertas de descuentos semanales se renuevan y eso tiene un efecto benéfico sobre las ventas. Por ahora no se ven espacios vacíos en los centros comerciales, pero algunos locatarios ya se acercaron a los ejecutivos de las dos principales cadenas de shopping centers para intentar renegociar los valores que pagan.
Está claro que los comerciantes «a la calle» están mucho más a la intemperie económica que sus pares de los shopping, a quienes arropan las ofertas con tarjeta. En sentido inverso, a los locales en avenidas les pega durísimo la venta ilegal callejera, un fenómeno que -según estudios de CAME y la CAC- no deja de crecer.


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