14 de junio 2012 - 00:00

Por caída de actividad vuelven locales vacíos

«Es cierto: hacía mucho que no se veían locales vacíos». El espectáculo de muchas persianas cerradas y carteles de «Se alquila» en las principales avenidas de la Ciudad retrotrae a tiempos críticos; la reflexión -mezcla de preocupación y aceptación de la realidad- es de Osvaldo Cornide, presidente de la CAME e histórico representante de los pequeños y medianos comerciantes.

Una conjunción de precios altos, caída de ventas, competencia desleal de los puestos callejeros e incertidumbre por el valor real del dólar está dejando a muchos comerciantes fuera del juego, y vuelven a verse locales vacíos, algo que no sucedía desde hace al menos un lustro. Por eso, muchos comerciantes están tratando de renegociar a la baja sus contratos de alquiler, y convertir a «dólar celeste» sus locaciones pactadas en moneda extranjera.

Las calles y avenidas más caras, en términos inmobiliarios, son -en este orden- Florida, Santa Fe y Cabildo. Un local mediano en la principal peatonal del país cuesta -entre alquiler, expensas e impuestos- unos u$s 10.000 mensuales; el precio por alquilar en las otras dos avenidas ronda de un 15% a un 30% menos que en Florida, dependiendo de la ubicación y de qué mano de la calle se encuentre la propiedad (en Santa Fe los locales sobre la mano hacia el centro son más caros que los de enfrente).

Hasta hace algunos meses, esos $ 30 a $ 45 mil mensuales constituían un valor «razonable» en función de las ventas que se hacían. Ese panorama cambió por varios factores:

  • la innegable caída de las ventas, que reflejan los estudios de la propia CAME y de la Cámara Argentina de Comercio. Las razones son varias, pero hay «tres grandes»: la gente tiene menos «actitud compradora» (sea porque resguarda sus ahorros), la falta de continuidad en muchas promociones que ofrecían los bancos en compras con tarjeta de crédito y la brutal caída del turismo;

  • las dificultades para aprovisionarse de mercadería, en función de las trabas a la importación de insumos y productos terminados que impuso el Gobierno desde el año pasado;

  • el desfase entre las ventas en pesos y la estampida del dólar paralelo; los propietarios con contratos en dólares siguen exigiendo el pago en dólar billete de sus locaciones, lo que pone en serias dificultades a los locatarios para poder saldar los alquileres en tiempo y forma. Ya se detectan atrasos en el pago de alquileres de hasta tres meses.

    Como consecuencia de lo apuntado, están produciéndose tres fenómenos:

  • se vence el contrato y el comerciante deja el local;

  • ese local -salvo que sea excepcional- permanece vacío y no vuelve a alquilarse fácilmente;

  • el comerciante pide renegociar los términos del contrato de alquiler tomando como base el «dólar celeste», o sea, un tipo de cambio a mitad de camino entre el «blanco» y el «blue». Y, sobre todo, poder pagar en pesos porque dólares no hay.

    Todavía es demasiado temprano para establecer una tendencia, porque cada caso es particular: hay locadores dispuestos a rebajar «de facto» el alquiler cobrando en pesos «celestes», y otros que se muestran irreductibles confiando en que por su «mercadería» siempre habrá alguien dispuesto a pagar.

    En los barrios, en cambio, el panorama comienza a ser más preocupante. Avenidas que rebosaban de actividad están comenzando a verse desoladas, con locales cerrados y mucha menos gente circulando y comprando. Es el caso de los varios centros barriales que se enhebran a lo largo de la avenida Rivadavia (Once, Caballito, Flores, Floresta, Liniers), Villa Urquiza, Villa Lugano y hasta el Belgrano «off Cabildo».

    Y si bien Avenida de Mayo no es un barrio sino el centro, esta otrora floreciente vía exhibe un panorama desolador, con persianas bajas y pintarrajeadas por los manifestantes que suelen recorrerla a diario, entre Plaza de Mayo y el Congreso.

    Incluso en las varias versiones de Palermo comienzan a advertirse cortinas bajas donde hasta hace poco había restoranes, bares y boutiques de diseñadores, cuyos principales clientes eran los turistas extranjeros.

    En los shopping centers el panorama es levemente diferente: las promociones de los bancos allí se sostienen, las ofertas de descuentos semanales se renuevan y eso tiene un efecto benéfico sobre las ventas. Por ahora no se ven espacios vacíos en los centros comerciales, pero algunos locatarios ya se acercaron a los ejecutivos de las dos principales cadenas de shopping centers para intentar renegociar los valores que pagan.

    Está claro que los comerciantes «a la calle» están mucho más a la intemperie económica que sus pares de los shopping, a quienes arropan las ofertas con tarjeta. En sentido inverso, a los locales en avenidas les pega durísimo la venta ilegal callejera, un fenómeno que -según estudios de CAME y la CAC- no deja de crecer.
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