12 de septiembre 2016 - 15:27

Presión a Rafecas con réplica en Cámara y en Corte Suprema

• LUEGO DE LA AVANZADA EN SU CONTRA, RECIBIÓ UNA INVITACIÓN DEL PAPA
Por causa Nisman, su pedido de remoción aspira a condicionar definición del tribunal por la muerte del fiscal y decisión de Cámara por su denuncia.

Daniel Rafecas
Daniel Rafecas
 La solicitada pública en la que se pidió la remoción del juez Daniel Rafecas marcó la señal de largada para una ofensiva cuyo objetivo es a varias bandas en simultáneo y replican más allá de los muros de los tribunales federales de Comodoro Py. Por un lado, existe un intento de presión a la Corte Suprema de Justicia que deberá definir el fuero en el que se investigará la causa por la muerte del fiscal Alberto Nisman. Por el otro, un condicionante a la Sala I de la Cámara Federal porteña que debe decidir -entre otras causas clave- si avala lo decidido por el magistrado con respecto a la ausencia de nuevas pruebas para la reapertura de la denuncia del extitular de la UFI AMIA contra la expresidente Cristina de Kirchner por encubrimiento a los acusados iraníes por el atentado a partir de la firma del Memorando de Entendimiento. El jueves comenzará a discutirse la apelación, mientras que en el máximo tribunal no maneja plazos.

Como le ocurre con frecuencia en temas judiciales, el Gobierno nacional permite abrir puertas que difícilmente luego pueda cerrar. El hecho de la publicación de la solicitada constituyó el primer paso hacia una cacería interna en los tribunales federales que se preanunciaba desde el triunfo de Cambiemos, pero que aún había quedado en segundo plano. El objetivo de un sector interno de la justicia no es sólo Rafecas, sino varios de sus pares, con el obstáculo de que algunos de ellos poseen causas sensibles para el corazón del Poder Judicial, o para el poder político. Esas serán sus armas de defensa ante una avanzada para la que fue diseñada la auditoría por causas de corrupción de los últimos 20 años. Por un lado está la iniciativa oficial de "depuración" y por el otro -a riesgo de comenzar a desatarse- un pase de facturas interno.

La Sala I tiene fijada el jueves una audiencia entre las partes para definir si ratifica el criterio de Rafecas en su negativa a reabrir la denuncia de Nisman. La pretendida querella de la DAIA argumentará a favor de darle nuevo impulso al expediente archivado por inexistencia de delito, lo mismo que el fiscal de Cámara, Germán Moldes. Será el comienzo de la definición para lo que existe un plan B: la causa "llave" que instruye Claudio Bonadio contra el excanciller Héctor Timerman, una réplica motivada por una presunta escucha realizada a una comunicación entre el exfuncionario y el titular de la AMIA, Guillermo Borger. La debilidad de ese caso es la prueba, cuyo origen -la escucha- es aún desconocido, un detalle que debió subrayar la Sala II de la Cámara.

Durante 2015, los votos de Eduardo Freiler y de Jorge Ballestero fueron lapidarios contra la denuncia de Nisman con argumentos propios contra el escrito de Nisman. El 8 de septiembre el abogado Ricardo Monner Sans -uno de los firmantes de la solicitada- denunció al fiscal federal Ramiro González, quien había pedido el sobreseimiento de Freiler por presunto enriquecimiento ilícito y después haber vuelto a tramitar otra presentación en contra del camarista. Dos días antes había presentado ante el Consejo de la Magistratura un pedido para enjuiciar a Sebastián Ramos y Marcelo Martínez De Giorgi, además de a Freiler por el trámite de esa batería de denuncias.

El Gobierno no quiere a Freiler, pero para torcer esa decisión sobre el caso Nisman requiere que modifique su postura Jorge Ballestero, quien también está en la mira. Sólo si hay un giro en la posición de este último (y hay empate) se convocará a Eduardo Farah de la Sala II. Este juez ya se había pronunciado por abrir la causa Nisman, con lo cual si es convocado para definir, el resultado será obvio.

En tanto, la solicitada también replica en la propia Corte. La procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, tendrá que opinar previo a que el máximo tribunal defina si acepta la queja planteada por la fiscalía y las querellas por el pretendido cambio de fuero, de ordinario a federal, para que se tramite la causa que investiga la muerte de Nisman. Según su propia doctrina, la Corte nunca "abre la queja" para causas sin sentencia firme. Sobre ese eje se apoya por estas horas la opinión de Gils Carbó, sobre quien el Gobierno volvió a la carga sin una vía cómoda para intentar su remoción. En teoría, el recurso de queja sólo sirve para determinar si el recurso extraordinario estuvo mal denegado por la instancia anterior. La definición que se pretende dejaría expuesta a la Corte digitando el fuero al que debiera ir ese expediente. El problema que se presentó es qué destino tendría la causa si pasa a Comodoro Py: la causa que investiga el escandaloso sorteo en el que quedó radicado el expediente -el de Julián Ercolini, en lugar del de su par Sebastián Casanello, quien había sido sorteado primero- amenaza con llevarse por delante todo el sistema de sorteos en causas sensibles del Poder Judicial. La jueza Servini de Cubría ya comprobó irregularidades que pueden convertir al Data Center del Poder Judicial en una caja de Pandora.

Mientras tanto, el caso Rafecas en el Consejo de la Magistratura se encuentra en trámite con declaraciones testimoniales pero sin chances aún de ser llevada al pleno y que coseche los 9 votos que necesita un pedido de jury. En las últimas horas, Rafecas consiguió un salvoconducto: el papa Francisco lo invitó a un coloquio sobre narcotráfico el 23 y 24 de noviembre. Fue leído como un gesto de apoyo y blindaje ante el recrudecimiento de la interna.

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