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Primaria vs. preinterna, riesgos y conveniencias
Cristina de Kirchner
Su gestación, con la carga simbólica de la derrota K de junio de 2009, tuvo como origen montar un dispositivo que le permita a Néstor Kirchner, por entonces el supuesto futuro candidato, desmalezar de partidos chicos la elección, crear un trampolín que motive al PJ y, además, demorar la instalación de los rivales.
Demorar la resolución de los candidatos opositores hasta agosto, apenas 40 días antes de la general, parecía un recurso -desesperado- luego del traspié, violento, del 28-J en que el oficialismo ganó por décimas a nivel nacional, pero perdió en todos los grandes distritos, incluso Buenos Aires.
La pauta -en el imaginario de sus arquitectos- de que en las primarias quedarían en el camino los sectores que no reúnan el 1,5% del padrón tenía, en esa línea, el objetivo de reducir las opciones electorales y, sobre todo, limitar la fuga de votos filo-K por izquierda.
Pero el propósito esencial consistía en que el peronismo demuestre su despliegue en la primaria, supere en caudal de votos a los demás partidos y, desde ahí, recomponga el espíritu de partido invulnerable.
Ese criterio no era infalible: en Santa Fe, el PJ reunió un mayor volumen de votos que el socialismo en la primaria de 2007 para gobernador, pero luego perdió en la general del mismo año. Es decir: esa primera instancia no se transfirió a la segunda y decisiva.
Esos componentes están, a poco más de un año de su votación, bajo revisión. La UCR y el Peronismo Federal pergeñan internas propias, que quizá sean objetadas judicialmente, para definir antes de agosto a sus candidatos. La mayoría de los partidos chicos, en tanto, se la rebuscó para sobrevivir mediante alianzas y confederaciones.
Una parte, igual, quedará en el camino si, efectivamente, el 14 de agosto se vota en todo el país. Perdura, en tanto, el filtro previo que expondrá, antes de la general, cuántos votos puede reunir cada partido en la primaria.
¿Qué cantidad de votos, con Elisa Carrió como candidata única, puede conseguir la Coalición Cívica en ese turno? Si la cifra no supera el 4%, en términos políticos, ¿no revelaría sus escasas chances electorales en la general? Esa lectura explica, por caso, el rechazo de Carrió al esquema.
Un riesgo similar abruma, entre otros, a Fernando Pino Solanas. Y, en menor medida, podría afectar a Mauricio Macri si, finalmente, como sostiene por estos días, se lanza a la competencia presidencial.
Por esa razón, todos los actores de la oposición, por distintas vías -la interna propia o el candidato único-, buscan desmerecer la incidencia de la primaria para que, sin protagonismo, las cifras de cada uno sean, apenas, un dato estadístico para llegar a la general.
A su modo, el kirchnerismo, a partir de proclamar ad hoc a Cristina de Kirchner como su candidata presidencial, contribuye a desligitimar la primaria o, al menos, a convertirla en una instancia burocrática, sin incidencia sobre las candidaturas, pero encima obligatoria para los votantes.
La salvación puede arribar, inesperadamente, de dos de las figuras de la oposición más odiadas por la Casa Rosada: Julio Cobos y Felipe Solá. Los dos, por ahora, se autoexcluyen de las internas propias que diseñan, cada uno por su lado, el radicalismo y el PF.
Sin embargo, tanto al mendocino como al exgobernador bonaerense les queda el recurso de la primaria: aunque no compitan en la preclasificación de la UCR y el Peronismo Federal, tendrían derecho, luego, a anotarse contra los candidatos surgidos de esas disputas para enfrentarlos en las PASO.
Se saltearían, de ese modo, el desgaste -costoso, por otro lado- de la preinterna para entrar, directamente, en la primaria. Frente a ese riesgo, las batallas partidarias propias también pierden entidad. ¿Para qué competir Duhalde, Das Neves y Rodríguez Saá entre sí cuando, unos meses después, deberán además enfrentar a Solá?
La semana próxima o la otra, a más tardar, los candidatos del PF se reunirán para tratar de acordar los términos y el formato de su propia disputa. Buscarán sentarlo a la mesa a Solá, quien, hasta ahora, deslizó que no tiene intención de participar de una «interna de pocos» que «proponen quienes tienen dinero y punteros».


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