Barack Obama dio ayer una conferencia de prensa junto a sus pares de Afganistán, Hamid Karzai, y de Pakistán, Asif Ali Zardari. El norteamericano prometió a ambos pleno apoyo para frenar el creciente activismo de las milicias talibanas.
Washington y Kabul - La muerte de 100 civiles en Afganistán como consecuencia de ataques aéreos llevados a cabo esta semana y liderados por EE.UU. se transformó en el primer episodio bélico con graves consecuencias humanitarias que debe enfrentar el Gobierno de Barack Obama. La Casa Blanca lamentó ayer lo ocurrido, en coincidencia con la visita a Washington de los mandatarios afgano y paquistaní, que llegaron a EE.UU. para tratar de abordar el fuerte resurgimiento de los talibanes.
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La Cruz Roja ratificó que decenas de civiles murieron en ataques dirigidos por la aviación estadounidense en la provincia de Farah, mientras Roul Amin, gobernador de la provincia, dijo que temía que 100 civiles hubieran muerto. El jefe de la Policía provincial, Abdul Gafar Watandar, agregó que la cifra de fallecidos podría ser incluso mayor.
Si se confirman esos datos, sería el incidente más sangriento con consecuencias civiles desde la caída del régimen talibán en 2001.
Luego de un encuentro en la Casa Blanca con los aliados presidentes paquistaní, Asif Ali Zardari, y afgano, Hamid Karzai, Obama admitió que espera «más violencia y reveses» en la guerra contra militantes islámicos. «Nos reunimos hoy como tres naciones soberanas, unidas por un objetivo común: desarticular, desmantelar y derrotar a Al Qaeda», dijo Obama. El mandatario demócrata ratificó que tiene planeado enviar 21.000 soldados.
Previamente, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, lamentó la muerte de civiles, aunque no admitió responsabilidad directa del Ejército de su país. «Lamentamos profundamente esa pérdida», dijo Hillary antes de reunirse con Karzai, Zardari y jefes de la CIA y el FBI.
La visita de ambos mandatarios a Washington tuvo como objetivo abordar el limbo afgano, donde los talibanes, acusados de complicidad con Osama bin Laden en la organización de los atentados terroristas de 2001, siguen conservando un importante margen de acción. En los últimos días se supo que ya controlan una región clave ubicada a sólo 100 km de Islamabad, lo que genera temores sobre la seguridad del arsenal nuclear paquistaní.
La reiteración de víctimas civiles en ambos países genera indignación en vastos sectores de sus poblaciones y aviva el sentimiento antiestadounidense, complicando la relación con Washington de sus amparados Karzai y Zardari.
Karzai agradeció a Clinton su preocupación y llamó a Pakistán su «vecino, hermano y amigo», pese a su larga historia de desconfianza. «Mi democracia necesita atención y necesita cuidados», dijo por su parte Zardari, viudo de la líder asesinada Benazir Bhuto y acusado por graves cargos de corrupción.
La relación de EE.UU. con Pakistán es compleja. Muchos en ese país musulmán acusan a los gobiernos norteamericanos de haber sostenido al Ejército y en particular al anterior presidente de facto, Pervez Musharraf (1999-2008). Sectores militares paquistaníes fueron en el pasado los principales protectores del régimen talibán, pero tras los atentados contra las Torres Gemelas, Musharraf, presionado por el gobierno de George W. Bush, pasó a ser un firme aliado de la Casa Blanca. Por otra parte, en atención a los reclamos de la administración Obama formulados recientemente, fuerzas de seguridad paquistaníes atacaron ayer a talibanes que dominan el valle de Swat. Murieron al menos 64 de ellos, dijo el Ejército de ese país, en una acción muy elogiada por Hillary Clinton.
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