- ámbito
- Edición Impresa
Promesas y efectos sobre fin del cepo
Lamentablemente la inflación ha sido paradigmática en la Argentina desde tiempo inmemorial. Ante ese espectro se ha repetido una y otra vez el error de tratar de controlar los precios internos vía el control del tipo de cambio. Por ello las macrodevaluaciones efectuadas una y otra vez han constituido pecados capitales políticos de los gobiernos que a su llegada a la Casa Rosada no les ha quedado otro remedio que devaluar. Aparentemente se ha considerado que el error ha sido del que devalúa y se ignora la responsabilidad del que provocara la necesidad de devaluar.
Y debiéramos saber que la revaluación de la moneda tiene un efecto que es el de causar una distorsión en los precios relativos internos. Al tiempo que se controlan los precios de los bienes transables internacionalmente se aumentan los de los no transables. Y en muchos casos de los costos de los productores de bienes transables. El impacto de esa disrupción en los precios internos tiene un impacto negativo en el comercio internacional pues caen las exportaciones y se reducen las importaciones.
Cuando se arriba a esa situación irredimible no hay otra alternativa que la devaluación, que por supuesto tiene un impacto negativo en muchos sectores e implica un incremento en la tasa de inflación. Obviamente la devaluación es el costo del error del desequilibrio postergado. Pero existe otra instancia respecto del tipo de cambio, que es el control de cambios. Tal es la situación que representa actualmente el denominado cepo cambiario. Éste afecta a las empresas a las que no se les permite la repatriación de sus dividendos, así como la prohibición de importaciones de bienes que afectan la producción interna.
De acuerdo con mis estimaciones, el peso se encontraría revaluado en un 36% respecto del dólar. Durante algún tiempo la revaluación del peso respecto del dólar fue en alguna medida compensada por el incremento en los precios de los commodities y por la devaluación del dólar respecto del euro. Esa situación está cambiando en la actualidad, en parte por la caída en el precio de la soja y en parte por la reciente revaluación del dólar. Ello ya ha producido una reducción apreciable en las exportaciones argentinas, que en parte ha sido compensada por la reducción en las importaciones producida por las crecientes restricciones.
Creo que ante los hechos presentes la devaluación es una necesidad ineludible, por más que pueda ser discutible la política adecuada para causar el menor impacto negativo posible. Pero no sólo se requiere la devaluación, sino asimismo la eliminación del cepo cambiario. Al respecto, nadie lo dice, pero éste constituye una violación paladina de los artículos 14, 17 y 19 de la Constitución nacional.
Hoy Macri, adelantándose a su tiempo, ha reconocido públicamente la realidad que hemos descrito, y ha manifestado su decisión de eliminar el cepo cambiario a su llegada a la presidencia. También ha decidido consecuentemente eliminar las retenciones a las exportaciones, que de hecho constituyen una mayor revaluación del peso. Entonces, dada la repercusión aparentemente negativa que ha tenido la declaración de llevar a cabo esa política, es posible que tenga un efecto negativo en su candidatura, pero lo que no puede haber dudas es sobre la validez de esa decisión económica.
La sobrevaluación del peso es un hecho indubitable y su impacto negativo sobre la actividad económica es igualmente creciente. Pero lo más increíble de esta situación política es que haya sido inclusive la oposición la que ignore la inconstitucionalidad del cepo cambiario. Esperemos que gane Macri y que lleve a cabo la política adecuada para superar el actual desequilibrio económico y la inseguridad jurídica prevaleciente en la Argentina. Ello implicaría aumentar la inversión y, consecuentemente, el crecimiento económico no a tasas de cuento chino, sino válidas.


Dejá tu comentario