Puch, el condenado eterno que nadie quiere liberar

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 Carlos Robledo Puch ya cumplió 43 años y medio en la cárcel, y como vienen las cosas hasta ahora, no va a salir nunca más.

Sin embargo, el mayor asesino múltiple de la historia criminal argentina juega una ficha fuerte. El caso podría llegar a la Corte Suprema de Justicia.

Es que el defensor ante la Casación bonaerense Juan Nolfi considera que la pena de Robledo Puch está agotada hace rato y que teniéndolo preso así se viola la Constitución. Dice además que el asesino múltiple es "víctima de un tormento".

Vayamos por partes. Nadie discute la ferocidad y brutalidad criminal de Robledo Puch. Alcanza con recordar su faena criminal: lo sentenciaron a reclusión perpetua por tiempo indeterminado por 11 homicidios, 17 robos y una violación, entre otros delitos.

Su brutalidad homicida no está en discusión, la aplicación de la pena tampoco. Lo que se discute desde hace varios años es precisamente si se agotó el tiempo que tiene que estar preso según la normativa vigente.

Lo cierto es que desde lo estrictamente jurídico, el múltiple asesino terminó de cumplir su pena hace 8 años.

Es más, si se le hubiese computado la pena con la ley del 2 x 1, llevaría más años de cárcel que de edad.

El calculo es el siguiente: Robledo Puch tiene 61 años, y el cómputo con el 2 x 1 arroja más de 70 años de cárcel cumplidos. Insólito, único.

"Que quede claro. No es que uno desee verlo libre, o quiera comerse un asadito con él, pero lo que es legal, debe cumplirse para todos por igual", dijo una fuente judicial.

Para su defensor, Juan María Villaga, la pena se agotó a los 35 años de cárcel cumplidos. Es cierto que en la Argentina la perpetua como cárcel para siempre no existe.

"Con este cálculo, hace 8 años que Robledo Puch agotó la pena, pero sistemáticamente todos los tribunales le buscan el pelo al huevo para dejarlo adentro", se quejó reiteradas veces.

En un fallo, por ejemplo, la Cámara Penal de San Isidro había dicho que Robledo Puch era "un ser antisocial y por eso no debía salir".

"Los jueces no se animan a soltarlo. No quieren verse sometidos al escarnio. En sus fallos terminan admitiendo el fracaso del sistema. Si entienden que es un ser antisocial, la propia cárcel no hizo nada por modificarlo sino que agravó su cuadro", agregaba el defensor.

Es más, como le negaron sistemáticamente la libertad, Robledo Puch llegó a pedir que le apliquen la inyección letal.

Ahora, el defensor ante la Casación, Juan Nolfi, reclama que intervenga la Corte nacional.

Mediante el recurso extraordinario, Nolfi sostiene "la existencia de una denegatoria sistemática por parte del Estado de otorgar cualquier beneficio liberatorio a favor de Puch".

"La demora estatal en brindar una respuesta efectiva a la pretensión liberatoria de mi asistido implica un supuesto de gravedad institucional que conllevará responsabilidad internacional del Estado nacional", plantea.

La palabra la tiene la Corte, ni más ni menos.

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