10 de noviembre 2014 - 00:00

Puja en Casación anticipa carrera por control de la Magistratura

Luis Cabral y Luis Cabral
Luis Cabral y Luis Cabral
 La confirmación del juez Luis María Cabral como subrogante en la Casación Penal federal sirvió como antesala de una puja más decisiva para la arena política como es la elección del próximo presidente del Consejo de la Magistratura. Titular del gremio de jueces que en los últimos quince días emitiera duros comunicados para con el Gobierno, jefe de la lista Bordó de estilo crítico, Cabral resistió un plenario áspero tanto por su duración como por su contenido inflamable en materia verbal. Logró cuatro firmas para continuar en el máximo tribunal penal y al mismo tiempo desembarcar en la Magistratura como representante de los jueces.

En ciertas conversaciones (en el Gobierno y en la Corte Suprema) el nombre Cabral asomaba para la presidencia del cuerpo colegiado como un candidato capaz de lograr consensos entre oficialistas y opositores y además mantener un canal constante con el máximo tribunal. Este plan que, aseguran en el Gobierno, en su momento fue deslizado por Cabral en el Ministerio de Justicia, por ahora queda desarticulado porque el juez ha recibido críticas en la Casación que ya no provienen sólo desde los sectores habituales y porque, detalle no menor, el oficialismo pretende un presidente más cercano aun a pesar de que éste no despierte amplias simpatías. En el entorno de Cabral anoche deslindaban al juez de cualquier conversación en curso.

La subrogancia de Cabral era cuestionada por irregular, hace dos años, por los camaristas más afines al oficialismo. Ahora a ese bloque se suman jueces de estilo más conservador como Juan Carlos Gemignani, Liliana Catucci o Mariano Borinsky (estos dos últimos igualmente respaldaron a Cabral). La jueza Catucci hablaba el viernes por la tarde de algunas gestiones de tono inquietante para orientar su voto.

Gemignani, de hecho, tuvo una participación en el Senado el pasado miércoles que despertó el interés en los despachos del cuarto piso de la calle Talcahuano porque el camarista aportó una de las críticas más rutilantes al proyecto oficialista de reforma del Código Procesal Penal proveniente desde el interior de los tribunales. Además de anotar observaciones críticas del modelo acusatorio abordó la siempre urticante cuestión de los recursos económicos del Poder Judicial para luego arribar a una conclusión muy concreta: la reforma es, a nivel presupuestario, demasiado costosa para las arcas judiciales en un momento que requiere de una política de austeridad.

Cabral era visto, al menos hasta el viernes, entre los consejeros opositores que juraran la semana que viene, como un buen candidato para la presidencia por su conocimiento del Consejo (ya fue consejero durante cuatro años) en un momento de alta sensibilidad en los temas de gestión presupuestaria y que tienen su correlato en los juzgados de Comodoro Py. El problema es que el próximo presidente requiere de un voto oficialista lo cual presagia una negociación compleja.

Para tener en cuenta: si esas conversaciones de oficialistas, opositores y jueces fracasaran, la presidencia quedaría en manos, al menos hasta el mes de marzo, del consejero con mayor antigüedad que en el caso de la próxima composición es el diputado peronista Héctor Recalde.

Con Cabral fuera de la discusión, un candidato con guiño opositor podría ser el abogado del interior Miguel Piedecasas, pero a este también le cuesta sumar todas las voluntades de ese bloque e incluso dentro de su propio estamento. La representante de los abogados capitalinos es Adriana Donato, alter ego del dirigente Jorge Rizzo, quien tiene una profunda enemistad con el grupo de abogados que llevaron a Peidecasas al Consejo y que, al menos por ahora, no estaría dispuesto a apoyar. Mientras Piedecasas es un hombre de buen vínculo con Ricardo Lorenzetti, Rizzo es el abogado de Carlos Fayt.

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