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Quilmeña, heroína de guerra y chica de tapa pionera
• LA INCREÍBLE HISTORIA DE LA AVIADORA MAUREEN DUNLOP
La aviadora quilmeña Maureen Dunlop apareció hace 70 años como “chica tapa” de una revista inglesa, y su imagen se hizo tan popular que hasta volvió a ser usada hace poco en un libro sobre mujeres de la Segunda Guerra.
La chica era Maureen Dunlop, nacida en Quilmes el 26 de octubre de 1920, y criada en la Patagonia. La revista, el "Picture Post" del 16 de setiembre de 1944, que aquí, a causa de la guerra, se conoció hacia fines de mes. ¿Pero qué hacía ella en ese momento en Gran Bretaña? Casi nada. Piloteaba aviones de guerra. El que vemos en la foto es un bombardero Fairey Barracuda. Y su imagen se hizo tan representativa que se usó para ilustrar una novela de Isla Dewar sobre mujeres de la Segunda Guerra,"Izzy's War".
Hija de un australiano y una inglesa, Maureen Dunlop pasó por el Colegio Santa Hilda de Hurlingham pero se educó mayormente con institutrices en las estancias lanares que su padre administraba. Allí nació su fama de amazona que cada mañana corría a la par de los trenes. A los 16 años, de vacaciones en Inglaterra, tomó clases de vuelo. De regreso, falsificó su edad para seguir aprendiendo en el Aeroclub Argentino.
Tal como ocurrió cuando la I Guerra Mundial, al comenzar la II muchos hijos de inmigrantes fueron como voluntarios a las tierras de sus padres. En la del 14, el padre de Maureen había luchado como voluntario en la Royal Field Artillery, así que no pudo evitar que sus dos únicas hijas quisieran ir a la Segunda. En 1942, Joan, la hermana mayor, entró a trabajar en la BBC, y Maureen en el Air Transport Auxiliary. Debía llevar los aviones desde las fábricas hasta las bases militares, probándolos en el camino. Una vez se le desprendió la cúpula de un Spitfire, y otra se le paró el motor de un Argus y tuvo que planear hasta un sembradío. Durante más de 800 horas de vuelo, probó 38 clases distintas de aviones, desde un caza norteamericano Mustang en reparaciones hasta un enorme bombardero Vickers Wellington.
Tras la guerra, Dunlop fue una de las pocas mujeres que siguió trabajando como piloto. Fue nada menos que instructora de vuelo en la Royal Air Force y, ya de regreso, instructora de vuelo en Aerolíneas Argentinas, fundada a fines de 1950. También voló para la Fuerza Aérea Argentina, y tuvo una empresa de taxi aéreo hasta fines de los '60.
Además, se casó en 1955 con un diplomático rumano retirado, Serban Popp, se dedicó a la cría de caballos árabes en una cabaña propia, la Milla Lauquen Stud, tuvo tres hijos y, de vuelta en Inglaterra desde 1973, compró una granja en Norwich, difundió los caballos criollos en las Islas Británicas y murió, hace apenas dos años, en Norkfold. Jamás renunció a la ciudadanía argentina, ni siquiera durante la Guerra de Malvinas. Una pequeña ironía: ya grande, pudo renovar su brevet de piloto y seguir volando, pero tuvo problemas para renovar el carnet de conducir automóviles.


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