14 de mayo 2015 - 00:00

Reapareció Fayt y confirmó reelección de Lorenzetti (audaz)

Carlos Fayt
Carlos Fayt
La reaparición de Carlos Fayt ayer en la Corte Suprema de Justicia exhibió las dos facetas que hoy por hoy conviven en las alturas del Poder Judicial. Fue un signo de fortaleza y un acto institucional la confirmación del mecanismo que devino en una nueva reelección de Ricardo Lorenzetti al frente del tribunal, esta vez con Fayt presente en el Salón de Acuerdos del cuarto piso. A la vez reflejó hasta qué punto incide en los ministros la pelea con el Gobierno. Una avanzada que prioriza lo discursivo por sobre lo legal generó que la Corte revisara sus propios actos a pesar de que éstos no fueron impugnados por vías formales.

La presencia de ayer confirmó las palabras del ministro decano para con su staff del pasado martes: ese día Fayt podría haber ido a la Corte, estaba en condiciones, pero les dio prioridad a la rivalidad con el kirchnerismo y a ciertas disonancias internas. El regreso del juez fue esencialmente un estiletazo al oficialismo, no tanto por su presencia física, sino por la rúbrica que aportó a la acordada suscripta por unanimidad y que contó con la excepcional circunstancia de que antes de firmar se leyó el texto entero en voz alta.

La doctrina de los actos propios fue un lugar común ayer en el cónclave de los ministros. Hacia futuro queda la incógnita sobre si Fayt podrá asistir todos los martes, especialmente cuando aparezcan firmas de importancia. La acordada también deja entrever que la modalidad de que Fayt haya firmado desde su casa la elección de autoridades no fue lo correcto.

La tensión con el Gobierno ha convertido a Juan Carlos Maqueda en un actor central en la búsqueda de reinstalar un clima de distensión y equilibrio que por estas horas a Lorenzetti le es difícil garantizar, esencialmente porque los actores satélite del kirchnerismo lo observan con desconfianza. Una estrategia que ayer quedaba en evidencia en el gremio de jueces, donde sus autoridades informaron que el kirchnerismo en el Congreso se estaría mostrado dispuesto a modificar la letra chica de la reforma Procesal Penal.

En este esquema, el conflicto en la Comisión de Juicio Político -y la embestida contra Fayt- debería ser rápidamente superada por un ambiente de mayor consenso en el Senado en la búsqueda de la cobertura de la quinta vacante. Por eso, la intervención del senador Adolfo Rodríguez Saá es monitoreada de cerca en la Corte. Con un discurso de estadista que llama a buscar acuerdos para garantizar la integración y la institucionalidad del máximo tribunal, el senador puntano reveló en toda su dimensión su vocación por la real politik: Rodríguez Saá conoce que hasta diciembre el bloque del peronismo es el que tiene la llave para aprobar un pliego para la Corte. Luego, ese papel podría ser ocupado por el kirchnerismo duro en su continuidad legislativa.

El futuro inmediato pertenece a lo que se defina en negociaciones vibrantes: en contacto con despachos del Gobierno y la Corte, el peronismo federal está en búsqueda de un candidato que implique un punto de equilibrio y (ya no será Roberto Carlés) que reúna voluntades en el Senado sin grandes resistencias, pero que también tenga un consenso interno que lo posicione para jugar un rol protagónico en la Corte que convivirá con la próxima administración.

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