Renace el PRI en México: ¿peligrosa ilusión de un pacto con el narcotráfico?

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La resonante derrota del conservador Partido Acción Nacional (PAN) del presidente Felipe Calderón en las elecciones estaduales del domingo puso en relieve un creciente rechazo ciudadano a la estrategia oficial de guerra total contra el narcotráfico, que ya lleva casi cinco años haciendo correr ríos de sangre en México. Y, en paralelo, una añoranza de los viejos tiempos del PRI, cuando el tráfico existía, pero sus acciones no derivaban en los desbordes recientes.

El voto castigo benefició, en efecto, al Partido Revolucionario Institucional (PRI), algo que no debería sorprender debido a su carácter de principal maquinaria electoral del país, con una presencia no igualada por ninguna otra agrupación en todos los rincones del territorio. Sin embargo, esto, que lo coloca en el lugar privilegiado de la grilla de partida para las presidenciales de julio del año que viene, obliga a plantearse las causas de su renacimiento, sobre todo si se recuerda que había sido desalojado del poder en 2000 en medio del oprobio de la mayoría de una población exhausta por su larga hegemonía.

En efecto, ese año el PRI perdió los comicios con el panista Vicente Fox, quien logró poner fin a una era al capitalizar el enojo con el fraude, la corrupción y el autoritarismo que signaron los 71 años que el partido de la Revolución monopolizó, con diferentes denominaciones, la vida política nacional.

El PRI se impuso el domingo en los tres distritos en los que se renovaban gobernaciones: Coahuila, Nayarit y el Estado de México. El de este último fue el resultado más relevante, no sólo por tratarse del territorio más poblado (15,7 millones de habitantes, duplicando casi al contiguo Distrito Federal), sino por lo que supuso en términos de respaldo al gobernador saliente Enrique Peña Nieto, amplio favorito ahora para las presidenciales de 2012.

La influencia de éste, de hecho, fue crucial para el triunfo de Eruviel Ávila, quien obtuvo el 64% de los votos, muy por delante del 23% de Alejandro Encinas (PRD, izquierda) y del raquítico 13% de Luis Felipe Bravo Mena, del PAN. Si bien el Estado de México es un bastión del PRI, las diferencias que obtuvo causaron sorpresa, así como el desplome histórico del partido que ocupa el Gobierno federal.

«Las elecciones fortalecieron las posibilidades del triunfo del PRI en los próximos comicios. El partido capitalizó el descontento de la población hacia el oficialismo por la falta de políticas que generen desarrollo y mayor distribución del ingreso. El PRI tiene fama de poder hacerse cargo de ello», dijo Jorge Schiavo, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), por teléfono a Ámbito Financiero.

Pero, más puntualmente, la disconformidad de electorado pasa por otra cuestión: la guerra abierta que Calderón lanzó al asumir en diciembre de 2006 contra los carteles de la droga, que supuso la militarización del país. El resultado son más de 40.000 muertos y una violencia que se extiende sin pausa en la mayoría de los estados, lo que explica que EE.UU., que apoyó la iniciativa, hoy se inquiete ante el derrame de los hechos de sangre al otro lado de la frontera. Y, para peor, no ha generado ninguna mejoría en el trasiego de estupefacientes, sobre todo hacia el norte, que sigue rampante.

«Aquí se critica la estrategia contra el crimen organizado, no que se lo combata. Antes de iniciar la lucha contra los cinco carteles, Calderón debería haber limpiado la casa. Es decir, haber garantizado la solvencia de la Justicia, eliminado la Policía corrupta y terminado con el tráfico de armas desde Estados Unidos», enfatizó Schiavo. «En la época del PRI existía el narcotráfico como lo conocemos ahora, pero el Estado no lo combatía. Fue recién con Fox [2000-2006] que se inició la lucha contra los carteles», explicó a este diario.

El hecho de que durante los Gobiernos del PRI la violencia narco se limitara a casos aislados, explica por qué gran parte de los votantes se inclinó a favor del poderoso partido. Pero la imagen de una agrupación que tomaba con firmeza las riendas del poder puede ocultar a las mayorías algunos costados controvertidos de aquella «pax priísta». Sobre todo los pactos opacos, informales, que hacían que el negocio ilícito fuera tolerado a cambio de límites en sus aristas violentas. Viejos pecados que en buena medida explican la situación actual, y que, se supone, el nuevo PRI no repetirá. Con todo, su receta alternativa a la guerra total aún es un enigma.

A principios de año, Sócrates Rizzo, exgobernador del estado de Nuevo León (1991-1996), realizó explosivas declaraciones, en las que admitió que los Gobiernos de su partido, el PRI, hacían pactos con las diferentes bandas. «Entonces, de alguna manera, decían: Tú pasas por aquí, tú por aquí, pero no me toques aquí estos lugares. Algo pasó, yo creo que el problema surge con el mercado interno. El problema del tráfico de la droga viene desde la época de Lázaro Cárdenas [1934-1940], cuando empezaron a enviar droga a EE.UU.», dijo.

Y fue más allá. «Es natural que al cambiar, los nuevos funcionarios públicos (del PAN) entren sin experiencia, con el fin de hacer las cosas diferentes y no tomar consejos anteriores. No querían oír nada del PRI, porque ellos decían que el PRI eran las víboras prietas y eso, entonces no recibían consejos», estimó.

Asesinatos por encargo, combates, secuestros extorsivos, ejecución de inmigrantes centroamericanos sin papeles que se dirigen a EE.UU. y no logran pagar el «peaje», cadáveres mutilados en las calles, pueblos fantasma... La gran bandera del Gobierno de Calderón, que involucró a las FF.AA. por considerarlas menos corrompidas que las policiales, naufraga en ríos de sangre e impulsa así el retorno del PRI.

Al asumir en 2006, el presidente representaba la nueva política, pero hoy no atina a encontrar un candidato popular que pueda evitar la vuelta al pasado. Para colmo, estar en minoría en el Parlamento y que el PRI controle ya dos tercios de las gobernaciones le quita margen de maniobra.

«Desde que comenzó la guerra contra el narcotráfico, la población ha sufrido la disminución de sus libertades sin ningún tipo de retribución. Los carteles siguen sin debilitarse», explicó a Ámbito Financiero el politólogo Marco Argüello, de la Universidad Metropolitana de México. «Yo diría que las posibilidades de otro mandato del PAN son prácticamente nulas. A un año de las elecciones dudo de que Calderón pueda colocar a un candidato capaz de competir con Peña Nieto», destacó.

El virtual abanderado del PRI, un abogado de 44 años, finalizará en septiembre seis años al frente de la gobernación del Estado de México y encabeza todos los sondeos para los próximos comicios. Recientemente casado con una famosa actriz de telenovelas, es habitual encontrar su nombre en la prensa del corazón, en la que se codea con la farándula.

«Hoy Peña Nieto reúne lo que los mexicanos necesitan: es carismático, joven y religioso, a la vez que recuerda el pasado populista del PRI», analizó Argüello.

Su condición de católico no es menor, dado el tradicional anticlericalismo del PRI, que en su largo reinado combatió ferozmente al catolicismo, que implantó en los años 30 un sistema de «educación socialista», que llegó a propiciar fugazmente la creación de una Iglesia nacional (con papa propio y todo) y que recién restableció lazos con el Vaticano en los 90, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari. Peña Nieto es diferente, tanto que ha viajado para ver a Benedicto XVI, haciendo gala de un perfil, en ese sentido, similar al del católico Calderón. El mundo ha cambiado; ciertos extremos ya no son tolerables.

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