14 de abril 2009 - 01:00

¿Repliegue? Miden ahora a Scioli sin Kirchner

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Néstor Kirchner espera un informe reservadísimo sobre el impacto de la irrupción de Daniel Scioli en el ring electoral y el primer sondeo riguroso sobre qué oferta K garantiza el mejor resultado. Midió tres duetos: su preferido, Kirchner-Scioli; el plan B, Kirchner-Sergio Massa, y un tercero, quizá indeseado, Scioli-Massa.

Entre el optimismo desmesurado y el fanatismo, en Olivos se especula que la chance del oficialismo mejoró. La presunción refleja el deseo íntimo del patagónico porque asoma como el pase mágico para ponerse, sin riesgos, al frente de la boleta del Frente para la Victoria para el 28 de junio.

Hay, sin embargo, otros factores. Uno, esencial, puede torcer el destino de la boleta K. ¿Qué ocurrirá si, como revelan algunas mediciones preliminares, el formato Scioli-Massa aparece como la mejor alternativa del peronismo? ¿Será una salvación para el patagónico o será, en cambio, un tormento?

Nada, por ahora, indica que Kirchner cederá los laureles de una potencial victoria, pero dos fuerzas centrífugas podrían hacerlo cambiar de parecer.

Una la adelantó, ayer, este diario: el ex presidente no figura, todavía en los padrones bonaerenses, lo que debilita su frente legal; la otra surge de los caciques territoriales y tiene a Alberto Balestrini como portavoz secreto, y refiere a que con una fórmula potente, los alcaldes no tendrían que figurar en las boletas.

«Con Daniel alcanza», es el primer y único mandamiento de esa religión conurbánica. Es decir: con el gobernador como candidato ganador, para qué inmolar a los intendentes y, sobre todo, para qué forzar un entrevero judicial, siempre impredecible, con una amañada postulación de Kirchner en Buenos Aires.

El jueves, en La Plata, ese dilema se despejará. Kirchner tendrá un mapa electoral minucioso y tomará la decisión quizá definitiva. El PJ, a pleno, con euforia o a desgano, anunciará su respaldo a la opción electoral que digite Olivos. Corre, desde ayer, el tiempo de descuento para incidir en esa determinación.

Anoche, Olivos, era un hormiguero: agenda abierta para, entre otros asuntos, fechar la convocatoria al Congreso del PJ que delegue en el Consejo partidario la facultad para hacer pactos y acuerdos. Esa cumbre debe reunirse antes del 29 de abril porque ese día vence el plazo para anotar las alianzas.

De romance, otra vez, con Massa -al jefe de Gabinete lo nominó, junto a Florencio Randazzo, jefe de campaña- y Scioli convertido en el cruzado fanático de la gobernabilidad, Kirchner parece aquietar el frente interno en el PJ pero, en el mismo movimiento, siembra la semilla de la dependencia.

Sólo frusta ese peligro si se instala, indiscutible, al tope de la boleta en la provincia. Pero, a su vez, esa solución puede ser traumática: Kirchner, lo admite cada dirigente que sondea en su pueblo, «tira la lista para abajo», dispersa votos y, de ese modo hace peligrar, si no la victoria, al menos el alcance de una victoria.

El ex presidente, claro está, no opera en el aire. Usa el Senado bonaerense, más precisamente los despachos cercanos al vicegobernador Balestrini, para juguetear con la hipótesis de que las candidaturas no deben ser ficticias sino que, de ser electo, Scioli podría asumir como diputado nacional. Una flecha envenenada para el gobernador. Un mensaje cifrado -casi un cuchillo clavado en la puerta- para desalentar aventuras autonomistas. Es fácil -y por eso poco creíble- imputar esa intencionalidad a Balestrini quien, llegado el caso, asumiría la gobernación. Demasiado para alguien que consideró el summun de su carrera política, ser jefe del PJ de Buenos Aires.

Entretanto, en un preensayo, Kirchner estará hoy en Tres Arroyos, al sur de la provincia, en la que será su primera salida al interior de la provincia en mucho tiempo, a excepción de la que hizo semanas atrás a Chivilcoy, dominio de Randazzo, adonde llegó y se fue custodiado a lo George W. Bush.

Esta vez, no estará con Scioli -de gira por Italia- ni Cristina. En lo formal, funcionará como una prueba piloto de campaña. Visitará una fábrica, se verá con cooperativistas y, para el cierre, le armaron un acto como jefe del PJ.

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