26 de agosto 2011 - 00:00

¿Rumbo a un boom de las exportaciones del agro?

¿Rumbo a un boom de las  exportaciones del agro?
¿Es posible pensar que la Argentina, con todas las restricciones internas que enfrenta, pueda pasar de los aproximadamente u$s 30.000 millones actuales de exportaciones agroindustriales a u$s 100.000 millones?

Definitivamente sí y en apenas 8 años más, en 2020, según se desprende del trabajo sobre el rol del sector agroindustrial argentino (SAI), desarrollado por el especialista Guillermo Toranzos Torino, aunque entre las condiciones para materializar tal crecimiento superior al 200% en ese lapso, se requiere que «la apertura externa, considerando los términos de intercambio y el sesgo anticomercio, debería aumentar como expresión de un marco institucional adecuado para las inversiones de largo plazo».

Además, se necesita que «el aumento del stock de capital para lograr este posicionamiento debería ser de $ 170.454 millones (de 1993), equivalente a 2,4 veces el Producto Interno Bruto del sector agroindustrial de 2009, y al 48% del PBI total».

Dicho en otras palabras, mayor liberación del comercio e incremento de inversiones que permitan aumentar la producción y los servicios, abaratando el costo argentino, y posibilitando una mayor inserción de la Argentina en el comercio internacional de alimentos que podría pasar así del actual 3,4% al 4,1% del total mundial.

La cifra de exportaciones agroindustriales, a su vez, se mantendría así el 48% del PBI.

El estudio, presentado recientemente en medios académicos, redefine, simultáneamente, el verdadero rol del sector agroindustrial al incorporar a este rubro actividades no computadas hasta ahora, como la fabricación de abonos, plaguicidas, maquinaria agrícola, etc., así como la modificación de los coeficientes en servicios, construcciones, comercio, energía, almacenamiento, comunicaciones y administración, directamente relacionados con la actividad.

Toranzos Torino demuestra, por ejemplo, que el aporte del sector en los últimos 30 años, fue clave en materia de Producto Bruto Interno, empleo y exportaciones ya que, en promedio representa el 20,1% de PBI, de los cuales 8,4 puntos están relaciona-

dos con las nuevas actividades imputadas.

Según el autor, «la nueva reagrupación de actividades implica una integración de la producción primaria hacia adelante y hacia atrás, de donde surge que por cada unidad a nivel primario, no sólo crecen las manufacturas, sino que se genera un fuerte impacto en servicios y construcción.

Otro dato interesante que desmitifica el estudio es sobre el valor agregado que asciende en promedio al 21,5% del total de productos de la economía.

Desarrollo

Pero el análisis no termina allí ya que también estudia la relación entre las exportaciones y el crecimiento del país desde 1870 hasta 2010. Y dado que el sector agroindustrial tuvo -y tiene aún- una muy alta participación en el comercio exterior, el desarrollo económico argentino en el lapso de 141 años se justifica en buena medida por él. Para Toranzos Torino, además, «la elasticidad de la variación de las exportaciones respecto del Producto Bruto Interno fue mayor en los períodos de economía más abierta». Tal fue el caso de 1870 a 1929. En ese lapso el 98% del valor de las exportaciones fue agroindustrial.

En síntesis, el estudio demuestra científicamente no sólo el rol que el sector agropecuario y sus industrias conexas tuvieron en el desarrollo del país, si no cuál es el que le cabe en el nuevo escenario internacional donde la producción de alimentos vuelve a ser clave.

Sin embargo, la materialización de tales posibilidades

depende, básicamente, de la redefinición de varios conceptos como el de campo-industria; valor agregado; incorporación de mano de obra, etc.

Hoy ya se sabe, y el estudio de Toranzos Torino lo demuestra fehacientemente, que la actividad del campo ya no es «primaria»; que la producción de alimentos es una de las más sofisticadas que existe; que la agricultura conlleva tecnología de tercera generación (satelital, robótica, computación, etc.); que una semilla, un alimento fresco con marca y exportable en contraestación, o una moderna máquina agrícola, tienen muchísimo más valor agregado que la mayoría de los productos que se elaboran en el país (y con mucho menos subsidio/compensación), y que el grueso del movimiento económico proviene de los servicios, entre otras varias realidades del mundo actual, y más aún para la Argentina de fuertes ventajas agroindustriales.

Sólo se requiere el replanteo de algunos aspectos que permitan la estabilidad y seguridad necesaria para las inversiones que se necesitan para que el país manifieste su verdadero potencial productivo, hasta ahora acotado por distintos factores.

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