6 de febrero 2015 - 00:00

Sanear la empresa va a requerir mucho más que un cambio de nombres

Dilma Rousseff influyó decisivamente en el destino de Petrobras en los últimos doce años, primero como ministra de Energía, luego como jefa de Gabinete y finalmente como presidenta de Brasil. La crisis de la compañía  le pega de lleno.
Dilma Rousseff influyó decisivamente en el destino de Petrobras en los últimos doce años, primero como ministra de Energía, luego como jefa de Gabinete y finalmente como presidenta de Brasil. La crisis de la compañía le pega de lleno.
Río de Janeiro - Los inversores que apuestan a que el esperado cambio de gerencia en Petrobras cambie radicalmente la suerte de la petrolera estatal probablemente se desilusionarán. Incluso con cambios en la cúpula, hay pocas señales de que la compañía se recuperará pronto del mayor escándalo de corrupción en la historia de Brasil.

Los cambios de ejecutivos también tendrán pocos significados si el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff no deja de intervenir políticamente en la compañía o no reconoce en toda su magnitud los problemas.

Las acciones preferentes de Petrobras subieron un 24% en la semana, principalmente por las expectativas de la renuncia de la presidenta ejecutiva, Maria das Graças Foster.

Petrobras, en un comunicado el miércoles, anunció la salida de Foster y otros cinco ejecutivos, entre ellos el director financiero Almir Barbassa y el de Exploración, José Formigli.

Las renuncias se conocieron mucho antes de fines de febrero, para cuando se esperaban, y tomaron por sorpresa a un Gobierno que pensaba que iba a tener más tiempo para elegir a sus reemplazantes.

No obstante, se necesitará más que un nuevo presidente ejecutivo para sacar a Petrobras del escándalo, fruto de una trama de sobornos y corrupción para financiamiento político.

Para que haya cambios drásticos se necesitarían medidas de la verdadera jefa de la compañía, la presidenta Rousseff, quien encabezó el directorio de Petrobras desde 2003 a 2010 y ha seguido involucrada en sus asuntos.

Entre su período en el directorio y como presidenta de Brasil, Rousseff ha dirigido Petrobras durante doce años, una época notable por enormes descubrimientos petroleros, pero también por una fuerte alza de la deuda, sobrecostos e incumplimiento de objetivos de producción y de finalización de proyectos.

Fue además un período en el que ejecutivos de Petrobras se involucraron en otorgar sistemáticamente contratos con sobreprecios y con sobornos a firmas de ingeniería y otros proveedores, según los fiscales. Tanto Rousseff como Foster han negado que supieran de la trama y no han sido acusadas.

La investigación a Petrobras ha contribuido a una baja de las acciones de la empresa de casi un 60% desde septiembre, lo que ha llevado a reducir las inversiones y perjudicado su capacidad para conseguir dinero. Una reforma de la empresa será una tarea desalentadora para cualquier presidente ejecutivo.

"No creemos que reemplazar a Foster necesariamente traiga el final de todos los problemas de Petrobras", dijo Leonardo Alves de Votorantim Corretora, una correduría en San Pablo. "El nuevo presidente ejecutivo tendrá que lidiar con casi los mismos problemas con los que ha lidiado Foster: escándalos de corrupción, altos niveles de endeudamiento y difícil acceso a los mercados de capital".

Foster parece haber sido presionada por Rousseff y miembros del gobernante Partido de los Trabajadores para dejar Petrobras porque estaba demasiado dispuesta a reconocer los problemas de la empresa.

El 23 de enero, Foster y otros altos ejecutivos y directores acordaron amortizar más de 61.400 millones de reales (23.000 millones de dólares) de inversiones manchadas por la corrupción y por decisiones de negocios que no tuvieron éxito, dijo la semana pasada una fuente con conocimiento de las medidas del directorio.

Cuatro días después, a pedido de Rousseff, el presidente del directorio y exministro de Hacienda Guido Mantega vetó la amortización porque amenazaba con dejar la impresión de que el Gobierno y Petrobras eran corruptos, dijo la fuente, que habló bajo condición de anonimato.

No asumir las amortizaciones mantendría a Petrobras, la más endeudada y menos rentable de las grandes petroleras, fuera de los mercados de capital por al menos tres meses. Además, retrasaría obras de varios proyectos clave y forzaría a recortar el gasto en 2015 hasta en un 30%.

"Lo que está claro de toda esta debacle de no asumir las amortizaciones es que todavía creen que pueden esconder todo esto debajo de la alfombra", dijo un alto ejecutivo de la industria petrolera que trabaja directamente con Petrobras.

José Carlos Grubisich exjefe de la petroquímica Braskem; el expresidente del Banco Central Henrique Meirelles; el ex presidente ejecutivo de la minera Vale Roger Agnelli; el actual jefe de Vale Murilo Ferreira; y el exejecutivo de Petrobras y OGX Rodolfo Landim, están entre los posibles sucesores de Foster.

"No tengo ni idea de quién se quedará con el trabajo", añadió. "Estoy seguro de que será alguien en quien Rousseff y el Partido de los Trabajadores puedan confiar, que no es alguien que vaya a arreglar los problemas".

Agencia Reuters

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