14 de octubre 2016 - 00:00

Se agita Alemania por el suicidio de un terrorista en prisión

La muerte del joven, vinculado al Estado Islámico impedirá investigar posibles conexiones en el país.

Retrato. Jaber Albakr, el sirio que aterró a Alemania, antes de ser entregado por los refugiados que lo habían recibido. Se suicidó en la cárcel.
Retrato. Jaber Albakr, el sirio que aterró a Alemania, antes de ser entregado por los refugiados que lo habían recibido. Se suicidó en la cárcel.
 Berlín - El suicidio en prisión del presunto terrorista islamista detenido el lunes en Alemania por sospechas de que planeaba un atentado fue recibido con estupefacción por la sociedad y la clase política, que exigen explicaciones en un caso plagado de errores y sospechas.

Lo ocurrido el miércoles a última hora, dijo ayer el ministro del Interior, Thomas de Maizière, "exige realmente un esclarecimiento rápido y completo por parte de las autoridades judiciales locales".

La muerte de Jaber Albakr, refugiado sirio de 22 años en cuyo domicilio se encontraron explosivos y detonadores y cuya búsqueda tuvo en jaque al país durante el último fin de semana, dificulta la investigación sobre posibles cómplices, cerebros y redes implicados en los planes de atentar en Alemania, agregó.

Según el diario popular Bild, el sospechoso declaró en los primeros interrogatorios que los tres refugiados sirios que lo atraparon y entregaron a la Policía estaban al tanto de su proyecto de atentado. No obstante, las autoridades se muestran prudentes ante estas acusaciones y no excluyen un acto de venganza contra los tres sirios considerados héroes nacionales desde el pasado lunes. La canciller, Angela Merkel, los presentó como un modelo de las bondades de su política de recepción de refugiados, mientras que varias voces pidieron que sean condecorados o se les conceda la nacionalidad alemana.

El suicidio "no debió haber pasado, pero lamentablemente ocurrió", manifestó en una conferencia de prensa en Dresde, la capital del estado federado de Sajonia, el ministro regional de Justicia, Sebastian Gemkow, quien explicó que el joven se ahorcó con una remera colgándose de los barrotes de su celda.

Según afirmó, la psicóloga de la prisión de Leipzig en la que estaba encarcelado había determinado que no corría "un elevado riesgo de suicidio".

Sin embargo, antes de su ingreso, la jueza de instrucción había alertado de ese riesgo y, según manifestó el director de la prisión, Rolf Jacob, esa advertencia fue tomada en serio, por lo que se establecieron controles regulares del sospechoso primero cada 15 minutos y después cada 30.

Al entrar en la cárcel, el detenido comunicó que no aceptaría ni comida ni bebida, pero se mostró "tranquilo" en todo momento, dijo.

Durante su reclusión, rompió una lámpara y manipuló un enchufe, pero el incidente no fue considerado por los funcionarios como indicio de intento de suicidio, sino únicamente como "acto de vandalismo", agregó.

"Estoy increíblemente conmocionado y absolutamente estupefacto porque se haya podido producir esto", declaró su abogado de oficio, Alexander Hübner, quien calificó esos hechos como intentos de suicidio y consideró lo sucedido "un escándalo judicial".

El último control regular fue realizado a las siete y media de la tarde del miércoles y un cuarto de hora después el presunto terrorista fue hallado muerto en su celda por una funcionaria.

"Es un incidente aterrador que debe ser investigado", manifestó el vicecanciller y líder socialdemócrata, Sigmar Gabriel, mientras Wolfgang Bosbach, dirigente del partido de Merkel (CDU), señaló que "esto es una verdadera pesadilla".

Desde la oposición, Los Verdes reclamaron una reunión extraordinaria en el Parlamento.

El suicidio de Albakr fue el desenlace de una larga cadena de errores en el caso, después de que el sospechoso lograra huir el sábado del cerco policial establecido en torno a su domicilio en la localidad de Chemnitz.

La Policía había decidido detenerlo tras manejar información de que podía cometer un atentado esta misma semana en uno de los aeropuertos de Berlín. Pero, según informaron medios locales, el cerco policial a su vivienda en Chemnitz fue tan poco discreto que hasta los vecinos se percataron de que alguien estaba siendo vigilado.

La persecución del sospechoso, cuando abandonó su departamento en la mañana del sábado, fracasó, incluso después de que la Policía hiciera un disparo de advertencia. La Policía argumentó que no podía dispararle sin poner en peligro a inocentes y señaló además que las unidades especiales portan ropa de protección que por su peso -35 kilogramos- les resta agilidad.

El sospechoso viajó entonces de Chemnitz a Leipzig, a pesar de que había centenares de agentes dedicados a su búsqueda.

El hombre, supuestamente perteneciente al Estado Islámico, fue arrestado en la madrugada del lunes gracias a la colaboración de otros tres refugiados sirios que lo habían recibido en su casa de Leipzig sin conocer en un primer momento de quién se trataba.

Agencias EFE, AFP y DPA