13 de octubre 2010 - 00:00

Se endurece protesta por Malvinas, remedo del 82

Héctor Timerman
Héctor Timerman
La historia bélica mundial muestra innumerables hechos de escalada de contendientes por errores de comunicación o interpretaciones equívocas. El episodio de tensión entre la Casa Rosada y el Reino Unido -a raíz de ejercicios británicos con misiles en la isla Soledad, la más oriental del archipiélago, más precisamente en cercanías de Monte Harriet- no escapa a esa matriz. Ayer el canciller Héctor Timerman afirmó que el Gobierno argentino «no va a caer en ninguna provocación» y «no se apartará del camino de la ley, la diplomacia y la paz». También encomendó al embajador argentino Jorge Argüello la presentación ante el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. de una nota de protesta por el accionar del Gobierno británico. La misión diplomática a cargo de Argüello ya había presentado un reclamo a la ONU en febrero de 2009, por la instalación de los misiles Rapier que hoy están en el foco de la disputa.

La deflagración comenzó con un inocente correo electrónico que envió el 7 de octubre, un teniente de la Royal Navy (Armada británica) perteneciente a la guarnición Malvinas, dirigido al Servicio de Hidrografía Naval que depende de la jefa castrense, Nilda Garré.

El texto daba cuenta de la realización de maniobras de defensa aérea en cercanías de Monte Harriet y agregaba las coordenadas geográficas (latitud y longitud) de la zona marítima comprometida en el lanzamiento de la batería de misiles Rapier. El rol del teniente británico autor del mail parece remedar el que cumplió el chatarrero Constantino Davidoff en la génesis de las hostilidades de 1982. Si hasta coincide otro factor, el poder en Downing Street lo ejerce el Partido Conservador.

Esgrima

El minúsculo cable pasó en segundos de la oficina del secretario de Planificación, Oscar Cuattromo, a la del secretario de Asuntos Internacionales, Alfredo Forti, para terminar en manos de la ministra de Defensa, quien a su vez lo puso en conocimiento de Cristina de Kirchner. Después sobrevino la esgrima de cruces y reclamos que hoy agrega el apoyo solidario a la posición argentina de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

La posición oficial del Gobierno británico fijada por el ministro de Defensa, Liam Fox, es que son maniobras de rutina que se llevan a cabo desde hace 28 años. Y tiene razón, el último lanzamiento de misiles Rapier se hizo en 2007, la operación se conoció con el nombre código «Cassin Falcon», pero tal como le respondió Timerman, «ésta es la primera vez que avisan al Gobierno argentino, según indica la ley». El ministro Fox tiene abierto un frente interno que genera aún más suspicacias: la filtración a la prensa británica de una carta que dirigía al premier David Cameron en la que advertía sobre la inconveniencia del «recorte draconiano» al presupuesto de las fuerzas armadas inglesas. Alertaba a Cameron que el recorte podía significar la pérdida de la presencia naval británica en las Malvinas.

El Gobierno del Reino Unido no cumplió con la letra del denominado Acuerdo de Madrid II (1990), así se conoce el texto firmado por ambos países que sentó las bases para la generación de medidas de confianza mutua. El documento fijaba un conjunto de normas para evitar el tipo de escalada que hoy se vive tras el mail del «teniente británico». En el anexo I del acuerdo se establecía el Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas sobre los movimientos de las unidades de las fuerzas armadas y un Sistema de Comunicación Directa, bajo supervisión de las cancillerías para cursar esas novedades entre las siguientes autoridades: por la parte argentina, comandante del Área Naval Austral (Armada), jefe de la IX Brigada Aérea de Comodoro Rivadavia (Fuerza Aérea) y por la parte británica, comandante de las Fuerzas Británicas en Malvinas (Falklands). Se acordaba la vinculación radial directa atendida las 24 horas por esas autoridades militares y, entre otros asuntos, avisar con no menos de 25 días de anticipación los movimientos de buques, aeronaves y ejercicios militares. Ni la Armada, ni la Fuerza Aérea Argentina recibieron notificación por esos canales acerca del ejercicio con misiles. El secretario Forti se encargó personalmente de averiguar el asunto con el jefe naval Jorge Godoy.

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