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Será difícil revertir el déficit con Brasil
Si bien no llegó a los niveles récord de 2007 y 2008 (cuando se superaron los u$s 4.000 millones) es un desequilibrio similar al de 2006. Esta comparación es más relevante porque 2009 conllevó el impacto de la crisis mundial.
El balance de los años 90 dejó un saldo positivo de u$s 4.301 millones en el comercio bilateral. Pero la historia se revirtió abruptamente en esta década: el balance será negativo en más de u$s 18.400 millones. Sin lugar a dudas el vecino ha sido el gran ganador.
Nada parece indicar que esta situación cambie. El déficit con Brasil ya se perfila como estructural o crónico. Por un lado la pujanza de la economía de ese país actúa como tractor de las exportaciones argentinas, por lo que se establece una importante dependencia. A propósito, en 2010, los pronósticos privados apuntan a que el vecino país crecerá entre el 7 y el 8% y que el sector industrial acumulará un crecimiento de dos dígitos. Pero para el próximo año -con el debut del Gobierno de Dilma Rousseff-, las estimaciones dan cuenta de una desaceleración que en principio proyecta una tasa de crecimiento del PBI del 4,5%. Es un dato relevante para los planes de los exportadores argentinos.
Por otro lado, la composición del comercio bilateral ha cambiado y se ha profundizado el peso del sector automotriz y autopartista. Precisamente, el desbalance comercial en estos dos sectores explica en gran parte el déficit con el vecino país. Los autos se han transformado en el principal producto comercializado entre ambos países. En el caso argentino dejaron muy atrás al otrora líder, el trigo, que pasó ahora a ser el cuarto principal producto exportado a Brasil. Mientras que en el caso brasileño entre los primeros cinco principales exportaciones al mercado argentino se mezclan detrás de los autos, el mineral de hierro y los teléfonos celulares.
De modo que el patrón de comercio bilateral, dejando de lado el complejo automotriz, muestra que Brasil lidera en las exportaciones manufactureras y la Argentina en bienes primarios.
Uno de los aspectos más positivos, para ambos países, es que el flujo de comercio bilateral crece año a año superando ya los u$s 30.000 millones lo que implica un buen nivel de actividad en ambos lados de la frontera.


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