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SÍNTOMA: Paren enero, me quiero bajar
Un breve listado demuestra la teoría.
• Crisis del Plan Austral. Hacia fines de 1987, la preciada criatura de Juan Vital Sourrouille estaba agonizante. Las restricciones externas (curiosamente vía falta de dólares) y la falta de éxito en el combate a la inflación (nunca llegó a un dígito mensual en ese año) provocaron que para enero de 1988 la situación fuera considerada terminal por los operadores. Ese mes, el Gobierno de Raúl Alfonsín decidió una nueva devaluación del austral y liberar el control de precios vigente; los dos mecanismos que usó el radicalismo para enfrentar la crisis.
• Plan Bonex. El fracaso del Plan Bunge & Born hizo que Carlos Saúl Menem nombrara a Antonio Erman González como ministro de Economía, quien como peligro inminente tuvo que enfrentar una catarata de reclamos de deuda interna fruto de la emisión de títulos públicos de vencimiento inmediato con intereses más que gravosos. El 28 de diciembre de 1989, ante la emergencia, González anunció un feriado cambiario y bancario para informar que desde enero de 1990 se concretaría un canje compulsivo de todos los plazos fijos que superaran el millón de australes (imposible determinar cuánto sería el monto actualizado), y se les prohibió a las entidades tomar nuevos plazos fijos.
• Tequila. En enero de 1995, el flamante presidente mexicano Ernesto Zedillo decidió establecer un sistema de libre flotación cambiaria que llevó al peso de ese país de 4 a 7,2 pesos, lo que desató la última gran crisis regional provocada por el país azteca. La Argentina vivía, quizás, los mejores años de su convertibilidad. Sin embargo, el contagio fue inevitable y, nuevamente, comenzaron los anuncios de ajustes fiscales en el país.
• Fin de la convertibilidad. Diciembre de 2001 fue quizá el peor mes en la historia económica del país. Sólo comparable con enero de 2002, cuando el quinto presidente consecutivo en dos semanas, Eduardo Duhalde, aprobó el plan completo que Jorge Remes Lenicov le llevó para salir de la convertibilidad y abrió el camino a la devaluación y pesificación de la economía. El peso tardó tres meses luego hasta pasar al 1- 4 pesos por dólar, para recién luego generar un período de estabilidad que tardaría cinco años en consolidarse.
• Intervención del INDEC. En enero de 2007, Guillermo Moreno desembarcó con su task force en el organismo encargado de medir las estadísticas nacionales, especialmente la más compleja: la inflación. En realidad, en ese tiempo no era un problema. Más bien el alerta lo había marcado el supermercadista Alfredo Coto, que en noviembre de 2006 había dicho que el alza de precios podría llegar al 12%. Algo inaceptable para el kirchnerismo, que decidió enviar a Moreno, ya estrella del equipo, a solucionar el problema. Lo hizo a su manera, rompiendo el termómetro y haciendo que el IPC obedeciera a un diseño gráfico mensual que garantizara no más del 11% anual de suba de precios; aun cuando la realidad ubicara esa cifra entre el 20% y el 25%.
• Redrado renuncia al Central. El ciclo mío en el Banco Central ha concluido y por eso he decidido alejarme definitivamente del cargo, con la satisfacción del deber cumplido. Así se despidió Martín Redrado el jueves 28 de enero de 2010. Terminaba la crisis más importante que había tenido el Gobierno de los Kirchner dentro del mercado financiero, generada por la decisión de Cristina de Kirchner de pagar deuda con reservas.
• El cepo. Fue en octubre de 2011, a horas de haber triunfado por el 54% en las elecciones de ese año, cuando el Gobierno decidió restringir el acceso del público a los dólares para atesoramiento. Luego, en enero de 2012, y ante el aumento exponencial de la demanda de divisas fruto del retraso cambiario por un lado y la siempre ansiedad de tener lo que se prohíbe, el Ejecutivo resolvió que era buena idea restringir al máximo el acceso a los dólares y que sea una especie de programa informático el que autorizara o rechazara la llegada de los billetes a las manos del público.
@cburgueno


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