"Este tipo de programas no sólo amenaza la privacidad, sino que también amenaza la libertad de expresión y las sociedades abiertas", escribió en un texto publicado en la revista alemana Der Spiegel. "La existencia del espionaje tecnológico no tiene que determinar a la política", agregó, en este texto redactado el viernes, estimando que era un deber moral entender que las leyes y los valores limitan los programas de vigilancia masiva y protegen los derechos humanos. "Nadie que diga la verdad comete un crimen", afirma Snowden en este texto publicado por Der Spiegel y titulado "Un manifiesto por la verdad".
Snowden también estima en este texto que algunos gobiernos que se sintieron "desenmascarados" al revelarse el espionaje lanzaron una "campaña de persecución sin precedentes", con el fin de sofocar el debate. No obstante, agregó, ahora el debate está teniendo lugar en todo el mundo.
Según varias revelaciones difundidas los últimos meses, en cuyo origen se encuentra Snowden, la NSA escuchó, entre otras cosas, las comunicaciones de decenas de dirigentes europeos, incluyendo a la canciller alemana, Angela Merkel, lo que ha provocado indignación en el país y en el resto de Europa.
Por estas horas el Gobierno de Alemania se enfrenta a un gran dilema: por un lado está interesado en las informaciones del extécnico de los servicios secretos, pero por el otro rehúye la posibilidad de traerlo a su territorio por temor a despertar la ira de Estados Unidos.
Los estadounidenses quieren llevar ante los tribunales a este hombre de 30 años que tenía una vida cómoda en Hawái como técnico de la NSA hasta que copió y se llevó consigo miles de documentos sobre las prácticas masivas de espionaje norteamericano en todo el globo. Snowden encontró refugio hasta el verano (boreal) en Moscú, donde se siente bien, pero no es verdaderamente libre. El topo tendrá que buscarse un nuevo destino y en los días pasados quedó claro que se quiere ir de Rusia.
Snowden entregó esta semana a un diputado verde alemán una carta en la que se ofrece a dar información sobre su exempleador. Pero no lo quiere hacer en Rusia, sino en Alemania y con la perspectiva de recibir protección duradera.
Meses atrás se desató un debate sobre la opción de dar asilo a Snodwen, pero pronto quedó claro que nadie quería tener problemas con Washington, tampoco los alemanes.
Pero la situación cambió. Nuevas revelaciones, especialmente aquella de que también fue interceptado durante años el celular de la propia canciller Angela Merkel, nutrieron la desconfianza hacia el gran socio transatlántico.
Berlín demuestra interés en las informaciones del antiguo analista norteamericano y ha depuesto su resistencia inicial a que hable con representantes germanos. Pero quiere hacerlo en Moscú. Berlín afirma que la posibilidad de traerlo a Alemania para que declare es complicada.
Las cuestiones legales son, en verdad, complejas, pero solucionables, opinan los expertos. Alemania podría tomar testimonio a Snowden en su suelo y rechazar el pedido de extradición de Washington. Es una cuestión de voluntad política, dicen.
Pero la presión es enorme. Los alemanes tendrían graves problemas con EE.UU. y podrían irse olvidando del tratado de no espionaje que negocian en la actualidad.
| Agencias EFE, DPA y AFP, y Ámbito Financiero |


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