16 de junio 2015 - 00:00

Sobre el socialismo y la demagogia del Iluminismo

Sobre el socialismo y la demagogia del Iluminismo
  "En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según del color del cristal con que se mira". Perdón que traiga nuevamente a la palestra las palabras de Don Ramón de Campoamor, pues el tema está pendiente, en virtud de la sabiduría de la demagogia para enrojecer el cristal. Y así el socialismo queda como el resultado del oscurantismo de la razón que surgiera del Iluminismo. Pero mi discrepancia del autor de ese paradigma no es que la verdad no exista, sino la falacia de la vertiente racionalista que ignora el empirismo y surge la Diosa Razón. O sea, el racionalismo.

Así lo reconoce Peter Drucker cuando dice: "No puede negarse que la Ilustración y la Revolución Francesa contribuyeron a la libertad en el siglo XIX. Pero su contribución fue totalmente negativa. Existe una línea directa desde Rousseau hasta Hitler, una línea que incluye a Robespierre, Marx y Stalin". Y yo me permito agregar a Kant y a Hegel. El primero negaba el derecho a la búsqueda de la propia felicidad, pues se hacía por interés y por tanto era deshonesto, y por la misma razón quedaba descalificado éticamente el comercio. Y seguidamente Hegel consideró la guerra como el momento ético de la sociedad, y por tanto, el individuo no tenía más razón de ser que su pertenencia al Estado. Y en el ámbito político permítanme no descartar a Fidel Castro, hoy sublimado por Obama y Francisco. Es evidente la falacia consuetudinaria de la civilización occidental y cristiana, e ignorar que si de Europa hubiese dependido la libertad, hoy seríamos nazis o comunistas. Por eso debo insistir en la falacia de la civilización occidental, a fin de comprender la realidad del mundo en que vivimos. El pensamiento que cambió la historia del mundo se inició con Locke, Hume y Adam Smith, que se puso en práctica por la Glorious Revolution de 1688, y fue llevado a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787.

Lo dicho anteriormente es para rescatar las ideas que lograron la libertad por primera vez en la historia y, consecuentemente, la creación de riqueza. Tal como reconoce William Bernstein, hasta el siglo XVIII el mundo vivía como vivía Jesucristo. No obstante, esa realidad la percepción política del mundo occidental influida por Marx descalifica éticamente al sistema en nombre de la falacia de la igualdad. Aún más, al país al que le debemos la libertad en el mundo se lo descalifica como imperialista.

El socialismo se ha apropiado del pensamiento de Marx vía Eduard Bernstein, quien en 1899 propuso que el socialismo se podía alcanzar democráticamente. Y ahí tenemos la social democracia y la democracia cristiana que prevalecen políticamente en Europa ante la crisis que han producido. No obstante eso, como sostuvo The Economist: "El problema europeo es el sistema, y el que lo quiere cambiar pierde las elecciones". Analicemos la reciente evolución de los principales países de la Unión Europea: Alemania, Francia, Italia, España e Inglaterra. En la década del 60, la economía alemana creció al 4,51% por año y el gasto público fluctuó entre el 12% del PBI en 1960 y el 23% en 1970; en Francia, la economía creció al 5,6% por año y el gasto público fluctuó alrededor del 17% del PBI. En Italia, la economía creció un 5,7% por año y el gasto público fluctuó alrededor del 17,6% del PBI; en España, la economía creció a la tasa del 7,3% por año y el gasto público promedio fue de un 12,4% del PBI. Por último, en Inglaterra, la economía creció tan sólo un 2,8% por año y el gasto se elevó al 29,2% del PBI. Podemos ver que Inglaterra fue la que tenía el gasto público más elevado y consecuentemente fue la que menos creció. Pero veamos ahora lo ocurrido entre 2007 y 2014. De nuevo empecemos con Alemania, que en el período creció al 0,6% por año y el gasto promedio se elevó al 46,4% del PBI. En Francia, el crecimiento se redujo al 0,13% por año y el gasto promedio del período se elevó al 56,2% del PBI; en Italia, la economía cayó un 9,6% en el período y el gasto promedio se elevó al 50,96% del PBI. En España se produjo un hecho similar. La economía se redujo en un 4%, en tanto que el gasto alcanzó al 43,7% del PBI. Y, por último, el proceso británico se asemeja y la economía prácticamente se mantuvo en el mismo nivel que en 2007, en tanto que el gasto se elevó al 46,8% del PBI. El socialismo determina la pobreza bajo la falaz bandera de igualar los ingresos. No obstante, tal como lo señala Stefan Theil en su filosofía europea del fracaso la educación en Francia y en Alemania, que ignora esa realidad. Así dice: "Los alumnos franceses no sólo están recibiendo esta clase de comentarios prejuiciosos de la destrucción ocasionada por el capitalismo, sino además están aprendiendo que el progreso económico es la causa principal de los males sociales". Rousseau está presente. Pero aún más, tanto en Francia como Alemania se enseña: "El capitalismo mismo es descrito en varios puntos en el texto como brutal, salvaje y americano". Ésa es la civilización occidental, que por supuesto trasciende a nuestro continente al sur del río grande, en donde se ignora que la negación del mal llamado capitalismo implica el desconocimiento de los derechos individuales, y cuando eso ocurre, se pierde la libertad y aumenta la pobreza. Cuando el gasto público alcanza al 50% del PBI o lo supera, como el caso actual de la Argentina, se está violando el derecho de propiedad. La evolución de la economía europea muestra claramente que cuando aumenta el gasto público cae la tasa de crecimiento económico, pero están vistas la sagacidad del socialismo, la demagogia del Iluminismo, para enrojecer el cristal y lograr el enriquecimiento desde el poder político llorando por los pobres.

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