1 de junio 2016 - 00:00

Sobre llovido, mojado. La peor cosecha en 50 años

Sobre llovido, mojado. La peor cosecha en 50 años
La búsqueda de un precedente para la provincia de Mendoza de una cosecha de uvas cuyo volumen sea menor a la cosecha 2016, nos devolverá sólo un registro en 50 años, el correspondiente al año 1993, con una recolección de 9.909.202 quintales.

Primera conclusión: la cosecha 2016, que apenas acumuló 10.210.000 quintales en la provincia, es la más baja de los últimos 23 años; como referencia la media de producción de uvas de la provincia de Mendoza en 50 años fue de 17.800.000 quintales.

Ahora bien, hacia el interior de la provincia la situación se agrava. La zona constituida por 5 departamentos de los 18 en los que se divide administrativamente la provincia, conocida como Zona Este o Tierras del Este contribuye en condiciones normales con el 55% de la producción de uvas y un promedio de producción de 8.900.000 quintales.

Para encontrar un precedente hay que aventurarse más allá del año 1960, casi en los confines de las estadísticas oficiales y en donde las comparaciones se relativizan al entrar en juego otros factores por ej.: la superficie plantada, la participación relativa de otras provincias, etc.

Se vislumbra así la magnitud de lo que ha ocurrido, quizás con menor sorpresa para quienes a finales del año 2015 y ya comenzada la cosecha, advertían, en base al comportamiento y estado vegetativo de los viñedos, la disminución de la producción que hoy comprobamos. En esos días era común escuchar entre los productores que había que prepararse para la peor cosecha de los últimos 20 años; claro, faltaba atravesar los meses de marzo, abril y parte de mayo.

Al final, aquel mal presagio como peor escenario hubiese sido un consuelo ya que en dicha serie, la producción más baja para la zona Este corresponde al año 1998 (fenómeno del Niño mediante) con 5.700.000 quintales.

A raíz de esta merma de producción la pérdida se calcula en más de $ 1.400.000.000. Para una zona de 240.000 habitantes es una pérdida más que significativa. Por estos días, algunas provincias con dificultades presupuestarias están recibiendo ayudas financieras de la Nación por sumas que no llegan a la cuarta parte de aquel monto o equivale al recupero de fondos por coparticipación federal mal retenida que recibirá Mendoza.

Ahora bien, ¿qué cambia que la merma de producción sea la más baja de los últimos 10, 20 o 50 años?, porque pareciera ser sólo un ejercicio. Por aquello de que nada más terrible que preguntar algo cuya respuesta podría ser verdad, el interrogante es: ¿estamos preparados?, y, ¿de qué modo se enfrenta esta situación excepcional? Desde ya no es suficiente con aplicar la ley de emergencia agropecuaria o que se repartan algunas bolsas de fertilizantes. Inevitablemente se requieren ingentes recursos.

El daño deja secuelas y en este caso, profundas. Así como una parte considerable de los productores no contaron con el dinero para realizar los tratamientos preventivos y curativos que exigían las inclemencias climáticas, la inversión para la recuperación de los viñedos será onerosa porque lo ocurrido agrava además problemas preexistentes que hacen a la sanidad y estructuras de las plantaciones en un contexto de serias distorsiones comerciales en la cadena de valor.

La vitivinicultura se encuentra hoy en emergencia económica-social, es decir una instancia superior a la emergencia agropecuaria que trasciende la problemática vitivinícola, pero que atento a la indolencia que se percibe, pareciera que llevará tiempo sacudirse de encima esta tragedia.

(*) Director ejecutivo Centro de Viñateros y Bodegueros del Este

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