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Sobresaliente versión del ballet “Sylvia” en el Colón
Nadia Muzyca, con brío, sensualidad y expresividad, fue acompañada por Federico Fernández en el ballet “Sylvia”, de Léo Delibes, según la versión de Frederick Ashton.
En 1876 la Opera de París estrenaba "Sylvia", ballet con coreografía de Louis Mérante y música de Léo Delibes (basado en la "Aminta" de Tasso según argumento de Jules Barbier y el Baron de Reinach). A mediados del siglo XX el gran Frederick Ashton, quien guardaba por esta partitura un especial cariño, estrenó su propia coreografía, y hasta cuenta la leyenda que en sueños el compositor se apareció al coreógrafo y le dijo: "Usted salvó mi ballet". Y así fue.
Luego de su "revival" a comienzos de este siglo, la "Sylvia" de Ashton-Delibes llegó finalmente a la Argentina en una producción magnífica, con decorados y vestuario de Christopher y Robin Ironside, iluminación de Mark Jonathan y sobre todo el minucioso trabajo de Susan Jones, encargada de la reposición coreográfica. La historia es muy simple: Sylvia, objeto de deseo del pastor Aminta y el cazador Orión, es raptada por éste pero logra escapar, y, con el consentimiento de Diana y la ayuda de Eros, Sylvia y Aminta pueden finalmente unirse. Pero a esta sencillez argumental Ashton le otorga toda su magia y logra que la atención prácticamente no decaiga en ningún momento, y es justamente su encanto atemporal lo que le otorga vigencia plena.
Tal como consignaba Jones a este diario, "Sylvia" requiere de una gran protagonista capaz de hacer frente a todos los desafíos técnicos y a diferentes facetas interpretativas: Nadia Muzyca lo fue con las dosis exactas de brío, sensualidad y expresividad. A su lado Federico Fernández (Aminta) exhibió una vez más su seguridad técnica y pulcritud estilística, Vagram Ambartsoumian (Orión) fue su perfecto rival y Paula Cassano y Edgardo Trabalón (Diana y Eros) fueron dignos de la condición divina de sus papeles. El resto del reparto y cuerpo de baile también superó el reto y se mostró en un muy alto nivel. La partitura de Delibes, llena de refinamiento y transparencia, tuvo en la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires bajo la siempre segura batuta de Emmanuel Siffert un instrumento muy adecuado, con notables intervenciones individuales y fluidez y ajuste en el conjunto.


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