En teoría, la misión de este cargo diplomático es estrictamente económica, y vinculada a las siempre complejas relaciones comerciales con esa región del mundo. Sus papeles permanentes en su nuevo escritorio, en una muy moderna oficina que mira a un exquisito bulevar de Bruselas, serán quejas de exportadores que ven trabados sus envíos hacia y desde la Unión Europea. Es un poco la herencia maldita de Guillermo Moreno, quien, se sabe, en la Secretaría de Comercio Exterior que continuará manejando Beatriz Paglieri, tenía al Viejo Continente como una fuente inagotable de permisos rechazados de ingresos de productos al mercado interno. Luego, como venganza inevitable, desde la UE se le devolvía el favor al país, complicando envíos que en general debían entrar cómodamente desde el puerto holandés de Rotterdam o el alemán de Hamburgo.
Si pudiera superar estos problemas heredados de lo más rancio de las políticas activas morenistas, Lorenzino podría comenzar a ocuparse de los problemas históricos en la relación entre la Argentina y la Unión Europea: las trabas en ese mercado derivadas de los subsidios agrícolas. Como además la UE vive momentos de crisis, lo más probable es que Lorenzino no la encuentre fácil en este tema. Más bien, tendrá que pelear más que sus antecesores Lavagna y Remes Lenicov para que haya algún avance, hoy más que lejano.
Pero como valor agregado, y quizá para aprovechar que en realidad Lorenzino es un experto negociador de deuda externa (de hecho, hace casi seis años que monopoliza este tema en el Ministerio de Economía, desde que el casi olvidado Carlos Sánchez llegó al Palacio de Hacienda), el Gobierno quiere que además asuma una especie de unidad negociadora del pasivo externo. Su competencia directa serían las discusiones con el Club de París, la continuidad de la marcha del juicio contra los fondos buitre, una eventual reapertura formal del diálogo con el FMI por nuevos créditos y la continuidad de los préstamos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Aquí aparece la primera curiosidad del nuevo puesto diplomático de Lorenzino. Bruselas es un centro plagado de funcionarios de múltiples disciplinas de la UE, donde se puede discutir cuestiones heterogéneas de comercio internacional en general y europeo, en particular, y hasta avanzar en cuestiones de relaciones internacionales como apoyos por Malvinas o la solución de problemas políticos bilaterales. Sin embargo, cualquier situación vinculada a avanzar en temas de la deuda externa y la apertura de mercados financieros, será más que difícil, seguramente imposible, desde la capital belga. Son temas que más bien tienen epicentro en ciudades como Nueva York, Washington, París, Londres y hasta Buenos Aires. Sin embargo, no hay registro de algún antecesor de Lorenzino que haya manejado papeles sobre deuda externa desde ese escritorio del quinto piso de la señorial Avenue Louise 225.
Sus próximos colaboradores de esa embajada incluso se preguntan si dentro de sus tareas estará negociar deuda externa desde Bruselas, o eventualmente comenzarán a viajar por el mundo. Éstos son Osvaldo Mársico (encargado de negocios), Gastón Funes (agregado agrícola) y José María Arbilla (encargado de sección). Hasta lo que se sabe, cada uno de estos diplomáticos continuará con sus tareas habituales ya que en realidad, lo que Lorenzino tiene en mente es residir efectivamente en Bélgica, y que sea su exfiel secretario de Finanzas, Adrián Cosentino, el que se ocupe de los viajes y las gestiones diarias por medio mundo para negociar cuestiones de deuda externa. Todo esto, si el ahora ministro Axel Kicillof le da vía libre.
| @cburgueno |


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