- ámbito
- Edición Impresa
Sprint final de campaña: polarizar versus fidelizar
• Últimos 4 días de campaña
Martín Insaurralde
Uno, el tigrense, polarizar la elección para imantar el voto útil que se derrama hacia Francisco de Narváez y Margarita Stolbizer; el otro, el lomense, fidelizar al simpatizante K, o filo-K, que todavía engorda el caudal electoral del Frente Renovador.
La semana pasada, al fagocitar a Eduardo Amadeo y anexar el respaldo de Roberto Lavagna -dato que este diario anticipó el 18 de julio pasado-, Massa avanzó en ese sentido. En el camino, deterioró su relación con el macrismo que intentará resucitar -siquiera espasmódicamente- para darle volumen a su escenografía opositora.
Mauricio Macri tuvo, en los últimos días, sólo maldiciones para su socio electoral tigrense. Le imputa problemas de "conducción" porque, a pesar de sus promesas, es cosa de cada día que un massista niegue, como el bíblico Pedro, el acuerdo con el PRO.
Insaurralde, en espejo con Daniel Scioli -que ayer, solo, recorrió el Puerto de Frutos de Tigre-, tendrá otro show junto a Cristina de Kirchner el miércoles para terminar de despejar las dudas sobre cuál es el candidato K.
En Casa Rosada circula, como anticipo sigiloso, que en el acto del teatro Coliseo, la Presidente dejará de lado los sobreentendidos y los mensajes elípticos, y abordará en su discurso a Massa y no, claro, para elogiar su sonrisa.
Sobrevive, todavía, un rezago de votantes K que respaldan a Massa, ya no por confusión, sino por concepción: son los que asumen al tigrense como un kirchnerismo light y les basta con que, genéricamente, el candidato del Frente Renovador cuestione a Guillermo Moreno y La Cámpora, y se oponga a la reelección.
Son un puñado de votos pero, frente a una disputa pareja, adquieren relevancia sobre todo porque cada voto que se corre de Massa a Insaurralde vale doble; es un Jackpot.
En Balcarce 50 y en La Plata asumen que el resultado del FpV del 11 de agosto puede ser el "techo" electoral del dispositivo K pero, con el antecedente reciente de la escalada de Insaurralde -que cuando se presentó era ignoto para 6 de cada 10 bonaerenses- plantean que quedarán, luego, 70 días de campaña de "otra" elección.
El viernes, la comandancia K celebró que, por primera vez, "corte" de encuesta ubicó al cacique de Lomas de Zamora 1,5 punto arriba de Massa. El informe, elaborado por una consultora experta en interpretar al peronismo, agregó una nota al pie en la que advirtió que la paridad podría producir, de inmediato, la irrupción del voto útil.
Precaución de consultores o destreza de nigromantes, la euforia por aquellos datos fue rápidamente amortiguada. En La Plata, menos temerosos, optaron por diagnosticar que la paridad "desinfla" a Massa que arrancó con una proyección propia de 40 puntos que, dicen, ven imposibles en este turno.
El massismo, con la parte de la biblioteca distinta a la que usa el FpV, encara agosto como lo que dicen que es: una "preliminar" de octubre, casi un ensayo general en varios frentes, desde el testeo del tono de campaña hasta el esencial dispositivo electoral durante las 18 horas anteriores y las 18 horas posteriores a la elección.
En la provincia hay 33.135 mesas de votación para 11,3 millones de electores, lo que demanda un ejército de 45 mil fiscales y encargados de escuela para "controlar" la elección.
Massa hará su cierre de campaña el jueves, en San Martín, dominio de Gabriel Katopodis (ver nota en pág. 10), uno de los alcaldes de más empatía con el intendente de Tigre. Se programa un despliegue de 10 mil militantes, como parte del envión para poner en marcha el engranaje enfocados en la votación del domingo.


Dejá tu comentario