27 de febrero 2013 - 00:00

También buenos recuerdos del gueto de Varsovia

Madrid- ¿Por qué nadie me pregunta si en el gueto había amor? se extrañaba el médico polaco Marek Edelman, líder de la rebelión judía en Varsovia en 1943, cuyos recuerdos y testimonios se recogen en el libro «También hubo amor en el gueto», donde evoca la fuerza interior de aquellas víctimas.

«El amor ayudaba a resistir, era el coraje de los mejores sentimientos íntimos que dignifican al ser humano; alguien debería hacer una película sobre eso», reclamaba el eminente cardiólogo, al que todos preguntaban por los horrores del gueto, y que al fin «se sacó la espina» con este libro (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), explicó la traductora, Agata Orzeszek.

Y es que Marek Edelman, que tuvo una vida larga y se mantuvo activo, quedó como el único sobreviviente de la comandancia de la sublevación del gueto de Varsovia contra los nazis. Era muy conocido, además de un excelente médico y «un hombre modesto que salvó muchas vidas pero nunca alardeó de sus éxitos», recuerda Orzeszek.

Edelman murió en octubre de 2009, con 90 años, y alcanzó a ver salir los relatos que él había reconstruido para Paula Sawicka, persona de su confianza, psicóloga, presidenta de la Asociación «Polonia Abierta» y gran amiga de la familia, en cuya casa pasó sus dos últimos años de vida, y quien grabó y transcribió sus testimonios «de valor incalculable», explica Orzeszek.

«¿Quién iba a saber que esas personas existieron y vivieron cosas maravillosas en aquel gulag?», alegaba el médico, decidido a mantener en la memoria las huellas de esas «vidas concretas» que laten detrás de las cifras. «Odiar es demasiado fácil, pero estamos obligados a conquistar el bien, ese es el mérito», destacaba Edelman.

El libro narra cómo era la vida dentro del gueto, en las escuelas, en los hospitales, en la calle..., pero también habla del terror, de la lucha por la supervivencia o de la dignidad, de la resistencia y la sublevación, Edelman recuerda a las víctimas, muchos vecinos y conocidos suyos y ofrece más de 80 reseñas biográficas, nombres que a veces se repiten, dejando ver que desaparecieron familias enteras. A veces gente ya mayor, como una maestra que vio salir del gueto a sus dos hijas gemelas pero eligió quedarse, para no dejar a una persona a la que se había unido fuertemente y que le había hecho vivir «el año más feliz de su vida».

En 1998, cuando fue condecorado con la mayor distinción de Polonia, la Orden del Aguila Blanca, Edelman solo habló para dar un consejo: «Ya nunca más pueden volver a ser pasivos».

Agencia EFE

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