Tampoco a Carrió le constan los sobornos

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Con la declaración de Elisa Carrió, ganó ayer nervio el juicio oral por los supuestos sobornos en el Senado. La diputada cargó contra funcionarios y legisladores del Gobierno de Fernando de la Rúa y aseguró creer la versión del «arrepentido» Mario Pontaquarto: «En ese entonces, la política funcionaba así». Protagonizó un duelo con los abogados del exmandatario y, cuando le preguntaron si tenía certezas sobre supuestas coimas, dobló la apuesta: «No me consta, pero si las hubo no pudieron suceder sin el conocimiento del presidente».

Alternando ironías con momentos de marcado fastidio, recordó el Congreso en el cual se desarrolló el escándalo por las supuestas coimas para la aprobación de la reforma laboral. «La situación ameritaba el juicio político del presidente y del ministro Flamarique», comentó. Luego, mirando a De la Rúa, ubicado a un metro de distancia, recordó su frase de aquellos días cuando desde el Gobierno le pedían que acompañara la votación: «Ustedes van a tener mi banca, pero no mi conciencia».

Carrió llegó a los tribunales de Retiro con un equipo de colaboradores. Se ubicó en el estrado y apoyó ambas manos sobre la mesa en varias ocasiones.

En medio de su declaración, se alejó del plano político para adquirir ribetes místicos. Recordó que la administración de la Alianza le había ofrecido un cargo en el gabinete, como viceministra del Interior. «Me negué porque no quise ser gendarme de los pobres y porque lo había consultado con Dios y su respuesta había sido que no», expresó. Al asumir De la Rúa hubo incidentes en Corrientes, con un muerto.

Recordó tener buen trato con De la Rúa, aunque no titubeó al momento de fustigar a Fernando de Santibañes, ya que, según dijo, la había hostigado por sus investigaciones sobre lavado de dinero. «Ejerció una presión intolerable sobre mí; él era un hombre del sector financiero, igual que Chrystian Colombo». También recordó que por sus diferencias con el Gobierno «habían generado el rumor de que me iban a internar en el Borda».

Carrió se refirió con furia al exdiputado radical Daniel Bravo, promotor, junto con Alberto Fernández, del «arrepenticidio» de Pontaquarto, y sostuvo que había estado «al frente de una operación» contra Enrique Olivera cuando éste era candidato de su partido en la Ciudad. Lo vinculó a Fernández y al kirchnerismo: «Desde el Gobierno me vinieron a buscar varias veces a preguntarme qué quería, cuando yo les decía que sólo ser parte de la oposición, pero me decían que eso no podía ser y que si no cambiaba de parecer la orden era aniquilarme; tiempo después, en las editoriales de Clarín me trataban de tarotista». No dejó de mencionar a Néstor Kirchner: «Él decía que todos tenían un precio».

Como en un talk show político, y con los defensores en un día más asertivo en cuanto a las preguntas, Carrió cautivó a la sala donde nadie se levantó siquiera para ir al baño o fumar en el pasillo (no rigen allí las normas antitabaco de Paula Bertol). En tanto, ayer reaparecieron en la audiencia Pontaquarto y el exsenador Alberto Tell, así como el abogado Diego Pirotta.

«Nunca dudé que había una conexión entre De Santibañes, que hacía lobby a favor de los bancos, y el senador José Genoud, que parecía ser un amoroso, pero en realidad era terrible», contó en tono irónico.

Testigos

Sin grandes aportes, el exsenador del PJ José Carbo-nell reemplazó a Carrió y fue la antesala del testimonio de Vilma Ibarra, una de las testigos más esperadas por todas las partes, aunque su declaración no aportó mucho. Visiblemente molesta, recordó su aparición en la tapa de la revista La Primera, donde su imagen lucía alterada al lado de la de Carlos Chacho Álvarez, quien era presentado con aires de seductor. Quienes esperaban un relato más similar a un culebrón televisivo debieron conformarse con alusiones obvias.

El cierre estuvo a cargo de Carlos Corach, funcionario del Gobierno de Carlos Menem. Tampoco aportó elementos determinantes de su paso por el Senado, último cargo que ocupó antes de partir a Europa a dar clases. Cuando abandonó los tribunales de Retiro se saludó con algunos de los acusados. Sonrió cuando le recordaron una de sus máximas durante los 90, cuando vivía en la cima del poder: «En política un 50% es suerte, un 25% tenacidad y un 25% formación».

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