1 de marzo 2019 - 00:03

Onetto: "Un teatro que une a dos generaciones"

La programación y trabajo actuales en el teatro Cervantes, en su visión, permite tender puentes entre la generación suya y la de dramaturgos treintañeros, que se permiten trabajar con mayor libertad.

María Onetto. Además de las dos reposiciones, también incursionará en el unipersonal con Potestad y La persona deprimida.
María Onetto. Además de las dos reposiciones, también incursionará en el unipersonal con "Potestad" y "La persona deprimida".

“Haré mis dos primeros unipersonales este año y me da pudor, porque puede caerse en un narcisismo del que siempre intenté huir”, dice a este diario María Onetto, quien volvió ayer al Teatro Cervantes con la reposición de “En lo alto para siempre” hasta fin de marzo, y el martes próximo lo hace con “Valeria Radioactiva”, de Javier Daulte, en Espacio Callejón. La actriz también incursionará en el unipersonal con “Potestad”, bajo la dirección de Norman Briski en el auditorio de Caras y Caretas, y en julio en el San Martín hará “La persona deprimida”, dirigida por Daniel Veronese. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Qué puede decir de “En lo alto para siempre?

María Onetto: Forma parte de un camino del Cervantes que se enfoca en la unión de la generación de los treintañeros dramaturgos, directores y productores, en el trabajo conjunto con actores de mi generación. Esto se vio también en “La savia” o “No me pienso morir”. La obra gira alrededor de David Foster Wallace, autor que no escribió teatro sino ensayos y novelas, un norteamericano que se suicidó cuando tenía 45 años, era un pequeño gran genio, con una escritura desesperada, intensa, de llamar a las cosas por su nombre.

P.: ¿Cómo es su personaje?

M.O.: Es una mujer instalada en la terraza porque su hijo se ha arrojado al vacío. Esa idea de saltar, de arrojarse, empieza a tener otras características, lejos de esa cosa oscura. Aparece la figura fantasmal, tirándose; nosotros estamos en alturas, lo que lo convierte en un universo poético. Es una obra que gira alrededor de un eje triste pero también es divertida porque mira de manera existencial lo que es esa fantasía de morir, qué hacemos después de eso, la unión entre vivos y muertos, ese limbo. Fue un proceso intenso porque hay enorme diferencia entre cómo piensan ellos el teatro y nosotros.

P.: ¿Cuáles serían esas enormes diferencias generacionales?

M.O.: Ellos se dan permiso de trabajar temas más nimios con más detalle, hay licencia a una escritura más poética, sin obligación de enfatizar, sin el deseo de bajar línea, con humor, y hondura a la vez. En cambio yo me reconozco como alguien necesitada de la situación teatral, y me pregunto cómo abordar zonas poéticas donde no hay ningún conflicto , ese estar en escena me cuesta.

P.: ¿Qué temas aborda “Valeria Radioactiva?

M.O.: Esta es mi sexta obra con Daulte y una de las más redondas, y él se me hace muy presente en los personajes, en los temas, en cómo hace jugar sus ideas. Me gusta el género que por momentos roza la obra, el melodrama, y que en la Argentina está subvalorado como género. Uno de los ejes es la ficción como lugar de verdad, en tiempos en los que es allí donde pueden circular verdades, cosas auténticas. En la ficción, los autores se pueden dar el permiso de decir aquello tan íntimo que no se lo cuentan a nadie; en la ceremonia teatral comparten sus ideas con un público que los escucha.

P.: ¿Y qué sería aquello que viene a contar la protagonista, una autora que padece cáncer?

M.O.: Valeria es una de mujer refugiada en su campo imaginario, que quiere tener el menor contacto con la realidad. Porta una lucidez y potencia grandes, la realidad se le hace presente en carne propia porque se enferma y ahí se ve cómo la ficción toma elementos de la vida de ella, que escribe para que algo drene. Tapa su vulnerabilidad, por eso es muy cínica y brava. Ella escribe “Los inmortales” cuando está enferma.

P.: ¿Cómo se prepara para su primer unipersonal?

M.O.: Se trata de “Potestad”, en el Caras y Caretas. Por primera vez actúo sola, me dirige Norman Briski, es un texto masculino en el que no hago de hombre sino que será una prueba para abordarlo, eso me tiene entusiasmada. Tiene mucha letra y me gusta una sala como esta, con entradas accesibles a precio de sala oficial.

P.: Y en julio estrenará otro en el San Martín.

M.O.: Sí, “La persona deprimida” también de Foster Wallace que Veronese adaptó de manera grandiosa. Es un libro largo, intenso, sobre alguien que describe su proceso de depresión y angustia de manera tan extrema que es desopilante. Cuando empecé con “Potestad” me di cuenta lo exigente que era estar sola sobre el escenario. Hablamos con Veronese de cómo se nombra lo que es unipersonal y podría decirse que es una obra para un solo personaje, como para despegarse del peligro que supone un exceso de narcisismo. De hecho con Briski trabajamos la técnica del teatro no, teatro japonés que elude la idea del yo y sino que ese actor es una zona desde el cual se dicen las cosas, eso también te protege de esa cosa egotrip.

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