Tomás E. Martínez: el arte de narrar borrando fronteras

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El argentino Tomás Eloy Martínez diluyó fronteras entre periodismo y literatura, "uniendo esos dos grandes ríos que son afluentes de un mismo mar". "Ahora estas aguas están muy mezcladas, es casi un lugar común esa fusión. No lo era cuando empecé a escribir", recordaba el autor de "Santa Evita", de cuyo nacimiento se cumplen hoy 80 años. Para celebrar este aniversario hoy abre al público la exposición "Lugar común, la palabra", organizada por la Fundación Tomás Eloy Martínez, en su sede de Carlos Calvo 4319.

"Santa Evita" (1995), considerada por muchos críticos como su obra maestra, se convirtió en la novela argentina más traducida de todos los tiempos. En sus páginas reconstruyó el penoso derrotero del cadáver embalsamado de María Eva Duarte de Perón. "Aquí está, por fin, la novela que siempre quise leer", lo elogió su amigo colombiano Gabriel García Márquez.

El escritor -fallecido el 31 de enero de 2010 tras una larga lucha contra el cáncer- ya había enlazado antes literatura y peronismo. En "La novela de Perón" (1985) trazó un retrato del fundador y líder del peronismo a partir de su regreso a la Argentina en 1973 tras un largo exilio.

Su colega nicaragüense Sergio Ramírez le rindió homenaje con las siguientes palabras: "Recordaré a Tomás como el novelista que desafió a la historia y la venció, creando su propia versión triunfante de la Argentina contemporánea".

"Me gustaría que me cuente su vida, desde el principio. Tal vez ya es hora"
, le propuso Martínez a Perón en 1970. Y el viejo general, que vivía en Madrid, accedió al pedido del corresponsal en Europa de editorial Abril. Las cuatro tardes de conversación le proporcionaron el material, junto con una exhaustiva investigación, para "Santa Evita" y "La novela de Perón".

Tomás Eloy Martínez
manifestó alguna vez sobre el tres veces presidente argentino (1946-1955 y 1973-1974): "Era hábil, pero creo que con una dosis mayor de franqueza consigo mismo y con los demás, Perón hubiese sido el gran estadista que estaba destinado a ser, y que fue sólo a medias".

Alfaguara celebra por estos días el octogésimo aniversario del autor con la edición de "Tinieblas para mirar", que reúne cuentos inéditos y dispersos escritos a lo largo de medio siglo sobre temas que siempre lo inquietaron como los desgarramientos de la realidad argentina, el peronismo y sus emblemas, el exilio y la muerte.

Desde muy joven decidió que su destino estaría ligado a la escritura e inició su carrera periodística en "La Gaceta" de Tucumán, la provincia donde nació en 1934. Se graduó como licenciado en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad Nacional de Tucumán y se mudó a Buenos Aires como crítico de cine del diario "La Nación". Escribió guiones para cine, varios de ellos en colaboración con el paraguayo Augusto Roa Bastos.

Como jefe de redacción del semanario "Primera Plana" impulsó la fama de García Márquez: poco después de la publicación de "Cien años de soledad", la consagró en su portada como "la gran novela de América" con una reseña suya. En 1969 se publicó su primera novela, "Sagrado", y continuó su carrera periodística como director del semanario "Panorama" y al frente del suplemento cultural de "La Opinión".

En 1974 vio la luz la crónica periodística "La pasión según Trelew", sobre el fusilamiento de 16 presos políticos que habían intentado fugarse de una cárcel patagónica en 1972. El libro, que se convirtió en un clásico del periodismo argentino, fue prohibido y quemado en una guarnición militar. Amenazado por la organización de extrema derecha Triple A, Martínez se exilió en Venezuela entre 1975 y 1983.

Allí trabajó como editor adjunto del suplemento "Papel Literario" de "El Nacional" y asesor de dirección de ese mismo diario. Posteriormente fundó y dirigió "El Diario de Caracas", época en la que publicó la serie de retratos "Lugar común la muerte" (1979).

En 1991 participó de la creación del periódico mexicano "Siglo 21" de Guadalajara y del suplemento literario "Primer Plano" del diario argentino "Página/12". Ese mismo año publicó "La mano del amo", bisagra entre las novelas sobre Perón y Evita, para evitar que lo consideraran "un peronólogo, o peor que eso todavía, un peronista, con todo respeto por el peronismo", según ironizaba.

La Rutgers University lo convocó en 1995 como director del Programa de Estudios Latinoamericanos y se trasladó a New Jersey. Un año después se editó "Las memorias del General", donde rescata sus diálogos con Perón, junto a testimonios, entrevistas y documentos inéditos. Mientras tanto, continuó desempeñándose como columnista de "La Nación", "El País" y "The New York Times Syndicate". En 2002 ganó el Premio Alfaguara de Novela con "El vuelo de la reina", a la que le siguieron "El cantor de tango" (2004) y "Purgatorio" (2008).

En 2005 fue finalista del prestigioso Man Booker International Prize por el conjunto de su obra y un año antes de su muerte recibió el Premio Ortega y Gasset a la Trayectoria Periodística. Maestro de periodistas, se desempeñó como miembro del Consejo Rector de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Siguiendo sus instrucciones, poco después de su muerte nació de la mano de sus hijos la Fundación Tomás Eloy Martínez, que promueve la literatura y el periodismo.

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