4 de febrero 2014 - 00:00

Trágica muerte de un documentalista

Coutinho, el mayor documentalista de Brasil (y coguionista de “Doña Flor y sus dos maridos”), fue muerto por su hijo esquizofrénico.
Coutinho, el mayor documentalista de Brasil (y coguionista de “Doña Flor y sus dos maridos”), fue muerto por su hijo esquizofrénico.
"No merecía este final", coincidieron ayer en el cementerio de Botafogo los asistentes al entierro del documentalista Eduardo Coutinho, hombre calmo y risueño asesinado por uno de sus hijos en un brote esquizofrénico. El domingo de mañana, su hijo lo mató con la cuchilla de asador, hirió gravemente a la madre (que alcanzó a trancar una puerta), se dió dos puntazos y proclamó que había liberado a su padre. Amigo de la Argentina, Coutinho era el más grande documentalista de Brasil, y uno de los mejores del mundo. En junio, la Academia de Hollywood lo había invitado a ser uno de sus miembros. En mayo hubiera cumplido 81 años.

Paulista de origen, en 1954 abandonó Derecho y se fue a estudiar cine en el Idhec de Paris. De vuelta fue periodista en "Visao" y "Jornal do Brasil", al tiempo que participaba en películas de ficción del Cinema Novo como "A falecida", "Cinco veces favela", "Garota de Ipanema". En 1966 dirigió "O pacto", episodio de la coproducción argento-braso-chilena "ABC del amor", 1966. Rodolfo Kuhn (una versión del cuento de Roberto Arlt "Noche terrible") y Helvio Soto hacían los otros episodios. Se probó luego en otras ficciones, e incluso coescribió el guión del megaéxito "Doña Flor y sus dos maridos", 1976. Pero lo suyo era el reportaje periodístico. De 1975 a 1984 condujo un equipo del "Globo Reporter", de la TV Globo, donde hizo informes notables para la época (gobierno militar), como "Teodorico, emperador del sertao", 1978.

Acá viene el gran cambio. En 1963 había iniciado un documental sobre Joao Pedro Teixeira, líder campesino asesinado dos años antes. Pero el golpe militar de 1964 le confiscó los negativos. Al mismo tiempo, para evitar persecusiones, los Teixeira se disgregaron. Cada uno se puso otro nombre y se fue a otro lugar del pais. En 1981 Coutinho recuperó los negativos y empezó a buscar a la viuda y los hijos desperdigados. Algunos nunca habían vuelto a verse. Coincidiendo con el fin de la dictadura, el film se presentó en 1984 en el Festival Internacional de Rio de Janeiro. Primero la pelicula. Después, al encenderse las luces, toda la familia en el escenario. "Cabra marcado para morrer" era la historia de un hombre, una agrupación de campesinos, un país, pero, sobre todo, la historia de una familia brasilera concreta, allí presente.

A partir de ahí, Coutinho se dedicó enteramente al cine documental. Con dos premisas básicas, las mismas que tuvo Jorge Prelorán cuando hizo "Hermógenes Cayo", "Cochengo Miranda" y otras tantas películas del interior argentino: convivir con los entrevistados y dejar que ellos mismos cuenten sus historias ante la cámara, sin ninguna intervención evidente. El secreto es establecer tal comunión con la gente, que ésta termina sacando lo mejor de sí misma.

Así, "Santa Marta. Dos semanas en el morro", 1987, es exactamente una quincena junto a los habitantes de una favela, oyendo sus alegrias y dolores. "Boca de lixo", 1992, varios días con los cirujas de un suburbio carioca. Pieza superior, "Babilonia 2000", ascenso a un morro durante los últimos días de 1999, charlando con sus pobladores hasta llegar a la cima, donde tres borrachos celebran ver mejor que nadie los fuegos artificiales de la Bahía de Guanabara. Y luego, "Edificio Master", 2002, donde se mudó con su pequeño equipo a un viejo monobloc de 276 departamentos distribuidos en 12 pisos en la parte venida a menos de Copacabana, e hizo amistad con varios de sus habitantes. 37 de ellos accedieron a contar sus historias a cámara, historias pequeñas, pero cargadas de emoción y de gracia (una chica recuerda la alegría de recibir su primer sueldo, un viejo la noche en que Frank Sinatra canturreó con él en un casino de Boston, otro la bondad de un jefe que lo autorizó a faltar al trabajo para ver a su madre, y así). Varios de esos entrevistados fueron de los primeros en asistir ayer al velatorio de Coutinho. "Fue una buena amistad. Y ahora, esta tragedia", recordaba Vera Lucía Maciel, que sigue viviendo en el Master.

Contra lo que pudiera parecer, ninguno de estos trabajos es de contenido político. Coutinho no se destacó, como dicen algunos, "por documentar al Brasil marginal y oprimido, dándoles voz a los pobres, en su inmensa mayoría negros", sino simplemente por escuchar a la gente común, y hacerlo con espíritu afable, escuchando las glorias de cada uno, y no solo las miserias. Detestaba el cine como "instrumento que decide lo que el público piensa o debería pensar. El cine militante que solo convence a los convencidos no vale absolutamente para nada. Me gusta lo amplio, lo que no tiene una intención declarada, donde cada uno puede decidir qué es lo que le dice cada película".

Y, sobre su inclinación por la gente que cuenta sus vidas ante la cámara: "Me interesa la palabra porque, como decía Walter Benjamin, el pasado narrado es más fuerte que el pasado vivido". Captar y transmitir la emoción de la gente contando esas historias era casi mágica: en "Peones", 2004, encuentro con quienes alguna vez fueron compañeros de Lula.

Ya débil como para trasladarse a otros lugares, en su última película, "Las canciones", 2011, apeló a un recurso más cómodo: grabó a los entrevistados en un estudio. Gente de toda clase entra, se sienta, dice cuál es la canción que más ama, cuenta por qué la ama, qué recuerdos le trae, la canta como puede. A veces, ya antes de cantar, la emoción es más fuerte. En una parte alguien se pone a llorar. Y la cámara, respetuosamente, deja de mirarlo. "Yo hago cine sobre la gente que no sale en Google, que habla de sentimientos. Me interesa algo tan difuso como la sabiduría popular", dijo alguna vez, y luego "Para mí el documental tiene un atractivo que jamás tendrá la ficción: no vive de ilusiones". No obstante eso, también probó entremezclar ficción y verdad, en pruebas como "Juego de escena" y "Moscú. Es que de joven quiso ser actor, pero era demasiado tímido.

Largamente premiado en varios festivales, y con muchos premios a su trayectoria, en estos días estaba grabando los bonus del dvd con que ha de recordarse próximamente el trigésimo aniversario de "Cabra marcado para morir". Otros títulos a recordar, entre más de 20, son "O homen que comprou o mundo", "Santo Forte", "El hilo de la memoria" y "O fim e o principio". "No hay nadie que pueda ocupar su lugar en todo Brasil. Queda vacío", comentó Fernando Meirelles, autor de "Cidade de Deus".

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