20 de octubre 2009 - 00:00

Tras el 28-J, siete alcaldes PJ dejaron sus municipios

Mario Ishii, Andrea García, José Luis Pérez, Ariel Franetovich
Mario Ishii, Andrea García, José Luis Pérez, Ariel Franetovich
En minoría, hundido en un duelo personal con sus opositores, José Luis Pérez renunció a la intendencia de Balcarce. Lo anunció el viernes pero la dimisión, de mitad de mandato, se concretará el 10 de diciembre. Su butaca la ocupará otro K: José Enrique Echeverri.

Pérez es un paradigma de las sinuosidades del PJ bonaerense: transitó el duhaldismo, luego empujó la reelección de Carlos Menem, más tarde se asoció a Luis Patti, hizo una escala en el felipismo incipiente y aterrizó, por la revancha, en el ultrakirchnerismo.

Tiene más similitudes con otros intendentes peronistas de la provincia. Desde el 28-J, otros seis jefes comunales, sobre los 74 que tiene el peronismo en Buenos Aires, dejaron sus municipios: algunos directamente renunciaron, como es el caso de Pérez; otros, menos estridentes, emprendieron una fuga hacia arriba.

No es un dato menor sobre un universo de 74 alcaldes que el PJ controla en la provincia.

Mario Ishii renunció en José C. Paz, Victorio Migliaro lo imitó en Salto. Badolmero Álvarez (Avellaneda), Andrea García (Ameghino), Ariel Franetovich (Chivilcoy) y Adrián Mircovich (Madariaga) dejaron sus distritos para asumir cargos en el Ejecutivo nacional y provincial.

Jefe comunal del 91 a 2003, regresó, con sello K, en el 2007. En diciembre, al cumplir dos años de mandato, Pérez -llamado por amigos «el Patón»- dejará el cargo. Este jueves, con la firma de 11 de sus 16 miembros, el Concejo Deliberante planea conformar una comisión para investigar su gestión.

«La situación se volvió insostenible. El nivel de agresión es insoportable, me han acusado hasta de amigo del narcotráfico, en una sesión del Concejo», le dijo ayer Pérez a este diario y atribuyó la medida a una decisión «personal y familiar».

El jueves pasado, a través del ministro de Gobierno Eduardo Camaño, Pérez le anticipó la determinación a Daniel Scioli. Se la transmitió, además, a sus «amigos» en el Gobierno nacional: el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

«Mi renuncia es irrevocable», afirmó, anoche, Pérez que sufrió dos derrotas en el último año y medio: cayó en la interna por autoridades del PJ y perdió, por más de 5 puntos, en junio pasado. En ambos casos, su verdugo fue Gabriel Petruccelli, que responde a Francisco de Narváez.

Otros dos episodios, según la explicación del intendente, influyeron en su decisión: el año pasado, durante el conflicto del campo, su casa particular fue atacada a piedrazos por chacareros y en mayo último, Julio De Vido no pudo inaugurar obras en Balcarce por un piquete rural.

Al final, «harto», Pérez pegó el portazo. «A muchos colegas míos les pasa lo mismo», aseguró.

Su caso traduce, en esencia, un clima crítico: con cuentas en rojo, sin margen para aumentar tasas, son víctimas del puño nacional y provincial en el envío de fondos, y -sobre todo los del interior- atraviesan el conflicto del campo ardiendo frente a sus municipios,

Les ocurrió a Pérez y a Migliaro en Salto -que pidió licencia-, y empujó a Mircovich, derrotado en la última elección, a «buscar» un refugio en la Nación que le permita abandonar el distrito. En octubre, se integró al Ministerio de Agricultura que conduce Julián Domínguez.

Hay, sin embargo, matices. Ishii, uno de los caciques del conurbano preferido de Néstor Kirchner, renunció a la intendencia, el Concejo no se la aceptó pero igual se tomó licencia y cedió su lugar a María Luis Geizer. Ishii, de todos modos, no se despega del distrito.

El alcalde había prometido que si no lograba más del 60% de los votos, renunciaba. Consiguió 56% y se fue. Jorge Barrachia, de Trenque Lauquen, juramentó que se iba si perdía la elección: perdió, juntó los papeles pero, todavía, no la llave. Esas querencias.

Del otro lado del conurbano, Baldomero «Cacho» Álvarez saltó de Avellaneda al Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires. Álvarez, como Ishii, ganó en junio y su salida tiene una lógica: despegar para entrar en la pulseada nacional.

Otro que dejó el distrito para asumir como ministro de Scioli fue Ariel Franetovich, heredero político de Randazzo, que juró en Asuntos Agrarios tras la salida de Emilio Monzó. Franetovich, sin embargo, lo tenía planeado: fue, en junio, candidato a senador.

Andrea García, de Ameghino, también se plegó al staff de Domínguez en la cartera de Agricultura. Corre con algunas ventajas: en su distrito, a diferencia de otros de los intendentes que fugaron «hacia arriba», el FpV ganó en todos los niveles.

Otros alcaldes, como José Echeverri (Olavarría) y Gustavo Pulti (Mar del Plata), fueron candidatos pero testimoniales. Es injusta la vida: otros, como Ricardo Curetti, de Patagones, pujaron por un lugar en la boleta para poder alejarse de sus distritos.

Curetti no entró pero no se resigna: presionó, con auxilio de funcionarios nacionales, para que Iván Budassi, número dos de la AFIP y cabeza de lista del FpV en la Sexta, renuncie a su banca para continuar junto a Ricardo Echegaray. Budassi prefiere mudarse a La Plata.

Pérez, el único que blanqueó su salida, es producto de la crítica situación que atraviesan los municipios, puede no ser el último. Al menos 20 distritos pagaron sus sueldos desdoblados y se enfrentarán, desde el 10 de diciembre, con Concejos Deliberantes controlados por la oposición.

A otros los daña el fuego amigo. Graciela Rosso, intendente de Luján, hizo llegar su advertencia de que podría renunciar a su cargo ante la presión de Miguel Prince, el antiguo jefe comunal de la capital de la fe. Ni esa bendición protege a Rosso.

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