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Tras los pasos (y las cuerdas) de Hilary Hahn
Hilary Hahn, a quien el Colón escuchó en septiembre último, dio más muestras de su arte en Bruselas.
Sería injusto decir que Hahn no se preocupa por dar una carga expresiva a sus interpretaciones. Parece más bien tratarse de una cuestión atinente a su propia naturaleza, que se puede intuir desapasionada y no demasiado afecta al exhibicionismo sentimental. En cualquier caso, es perfectamente comprensible que gran parte del público lo perciba de esta manera y que permanezca ante su toque tan impávido como ella misma.
El Palacio de Bellas Artes (o Palais de Beaux Arts, o simplemente Bozar) de Bruselas, edificio construido por Victor Horta en la década del 20, recibió este sábado a la superestrella del violín en un recital brindado en compañía del pianista Cory Smythe. El programa estuvo compuesto por dos «corpus» bien diferenciados: por un lado, obras del repertorio, de Corelli a Fauré; por el otro, algunas de las piezas que componen el ciclo «En 27 obras: los bises de Hilary Hahn», partituras encargadas por ella misma.
Ambos bloques estuvieron convenientemente entremezclados: en la primera parte los «bises» se alternaron con la «Sonata en fa mayor» de Arcangelo Corelli y la «Chacona» de la «Partita para violín n° 2» de Johann Sebastian Bach, y en la segunda precedieron y sucedieron a la «Sonata en la mayor» n° 1 de Gabriel Fauré. Evidentemente no fue la obra del compositor italiano (de cuya muerte se recordaron 300 años el pasado 8 de enero) el punto más alto del concierto, pese a los esfuerzos del pianista por hacer que su parte sonara «clavecinística». En cambio la «Chacona», una de las cumbres violinísticas y musicales de todos los tiempos, tuvo en las manos de Hahn una versión de una intensidad inesperada. Por su parte, Fauré sonó lejos de lo rutinario, en una interpretación plena de matices y un perfecto entendimiento entre ambos instrumentos.
De las ocho piezas contemporáneas varias llamaron la atención por diversos factores: «Aalap and Tarana» de Kala Ramnath por su exotismo, «Tres sospiros» de Antón García Abril por su dejo impresionista, y por su efectismo «The angry brids of Kauai» de Jeff Myers (de corte «ornitológico») y «Hilarys Hoedown» de Mark Anthony Turnage. Como bis uno más de sus «encores», más precisamente «Memories», de Michiru Oshima, cerró la noche con un aura de serenidad.
* Enviada Especial


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