15 de octubre 2010 - 00:00

Un alivio en la guerra cambiaria

Mientras siguen resonando cañonazos de guerra cambiaria, una señal de tregua llegó ayer desde Asia con la noticia de que el Banco Central de Singapur va a permitir una apreciación gradual de su moneda frente al dólar. La autoridad monetaria de ese país (MAS en inglés) anunció que el rango de variación del dólar de Singapur, el «sing», frente al billete norteamericano será de más menos el 3%. No es un dato menor ya que si los países asiáticos permiten la apreciación de sus monedas, esto ayudará a reequilibrar la economía mundial y además les ayudará a hacer frente a las presiones inflacionarias que padecen. Claro que otros países como Corea, Japón y China son, por el momento, contrarios a dar este paso por las razones que detonaron la batalla devaluatoria.

Si bien el «sing» está en una clara tendencia bajista desde que alcanzó un máximo de 1,5581 en marzo de 2009, justo en el peor momento de la crisis mundial después de la quiebra de Lehman Brothers, la paridad está ahora en un mínimo histórico de 1,2892 y según los operadores, de no mediar una fuerte intervención se dirige paulatinamente hacia el uno a uno.

Sin embargo, tras el anuncio del MAS, lo que no deja de llamar la atención de los analistas es que la economía de Singapur se está desacelerando rápidamente. Hasta ahora la recuperación del producto de Singapur había tomado forma de una V muy marcada. En el primer trimestre de 2010, el PBI avanzó a un ritmo del 32,1% anual y ahora bajó hasta el 10,3%. Las estimaciones de los analistas indican que cerrará este año con un crecimiento de entre el 13% y 15%. En paralelo, los precios suben cerca del 4% anual, reflejando que las presiones inflacionarias emergen tanto por el lado de la demanda como por el lado de los activos bursátiles e inmobiliarios. Los economistas del MAS ya alertaron meses atrás que la economía estaba operando cerca de su máximo potencial, lo que podría provocar un rebote inflacionario. Bajo este marco hay que leer la decisión del Banco Central de Singapur de implementar una gradual revaluación de su moneda para intentar controlar los precios.

Pero no todas las señales asiáticas dejan entrever que esta fase de la guerra de guerrillas permita llegar a la próxima cumbre del G-20, de la que todos esperan se arribe a algún tipo de acuerdo devaluatorio, con paños fríos. Japón salió a cuestionar que precisamente Corea, uno de los que más está interviniendo y frenando la apreciación de su moneda, lidere la cumbre del G-20 en noviembre. Ayer el dólar cayó muy cerca de los mínimos del año frente al euro (1,409 dólares) y mínimos de 27 años frente al yen (81,8 dólares). La paridad dólar-yen marcó un nuevo mínimo histórico en 80,892. Para el mercado, esto es la señal de que los 82 dólares no tienen un piso firme hasta los 79,75. Por lo que se teme que el Banco de Japón vuelva a intervenir como lo hizo semanas atrás, dando pie a que todos los países advirtieran el peligro de actuar aisladamente para defenderse de una devaluación del dólar. Para todos Japón quedó como el malo de la película, pero lo que no dicen es que fue China la que, por defender sus reservas en dólares y bonos del Tesoro de EE.UU., salió a comprar fuertemente bonos nipones, provocando una avalancha de capitales que fortaleció al yen, en momentos en que Japón teme perder competitividad exportadora.

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