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Un falso uruguayo admitió que espiaba para Rusia en EE.UU.
Según indicó la Fiscalía, el «acusado número 8, también conocido como Juan Lázaro», aunque «él que amaba a su hijo, ni siquiera por él violaría su lealtad al Servicio. Lázaro se negó a dar su verdadero nombre». El hombre sin identidad sería proveniente de Siberia.
El órgano judicial afirmó que, con la excepción de la periodista peruana Vicky Peláez, todos los detenidos eran experimentados y muy preparados agentes de Rusia. Por ese motivo, el juez Ronald Ellis, de un tribunal federal de Nueva York, impuso a Peláez una fianza de u$s 25.000 para evitar la cárcel, así como su posterior arresto domiciliario y vigilancia electrónica. Ese beneficio fue rechazado para Lázaro (su marido) y Cynthia y Richard Murphy, por considerar que podrían huir del país.
La Fiscalía indicó que «las evidencias de este caso son abrumadoras» y que todos los sospechosos, excepto Peláez, «utilizaron pasaportes falsos proporcionados por el SVR», siglas con las que la acusación se refiere a los servicios de espionaje rusos.
Protagonistas
Agentes del FBI investigaron durante casi una década a varias personas relacionadas con actividades de espionaje financiadas por Rusia. Los protagonistas de este caso, que parece extraído de la trama de una novela, vivían en diferentes lugares de Nueva York, Nueva Jersey, Massachusetts y Virginia y llevaban vidas anónimas sin excesiva exposición pública.
La excepción de todos ellos es la peruana Peláez, de 55 años, que utilizaba su nombre verdadero, su pasaporte auténtico, no estaba entrenada para su misión y era una periodista conocida por sus críticas a Washington, sus posiciones cercanas a la izquierda y afinidades con el movimiento peruano Túpac Amaru, con la Venezuela del presidente Hugo Chávez y con la Cuba de los hermanos Castro. El subsecretario de Justicia, Michael Farbiarz, en su calidad de fiscal general adjunto, pidió al juez Ellis que no les concediera la libertad bajo fianza porque podrían huir de EE.UU., ya que son «agentes altamente entrenados» acostumbrados a usar pasaportes falsos. «Agentes del Gobierno ruso ayudaron a los conspiradores de forma directa y secreta dentro de Estados Unidos», recibiendo de ellos material tecnológico y dinero, además de que encontraron una caja de seguridad vinculada con ellos y que contenía u$s 10.000.
Los acusados «no necesitan irse de Estados Unidos para quedar fuera del alcance del sistema de justicia criminal, ni siquiera necesitarían salir de Manhattan. En Nueva York hay un consulado de Rusia y la Misión de Rusia ante la ONU», agregó.
Agencias EFE, DPA y AFP


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