Ciudad del Vaticano - La extensión a todos los curas del mundo de la facultad de absolver el pecado del aborto y el anuncio de que la facultad de conceder la absolución a los lefebvrianos permanece en pie "hasta nueva disposición" son las disposiciones de mayor relieve contenidas en la carta "Misericordia et misera" que Jorge Bergoglio dio a conocer ayer, al día siguiente del fin del Jubileo de la Misericordia que había convocado el año pasado.
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El documento de 35 páginas dispuso además el nacimiento de la Jornada Mundial de los Pobres, para recordar a la Iglesia que "no existe justicia ni paz si Lázaro está ante la puerta de nuestra casa". Se equivoca quien considere que esto equivale a crear una comisión inútil, como a veces ocurre en la política.
Asimismo, exhorta también a inventar nuevas formas de obras de misericordia adecuadas a nuestros tiempos, aplicando la "fantasía de la misericordia", particularmente a las personas privadas de dignidad y los niños maltratados y esclavos.
Una parte significativa del texto está destinada a radicar el "discernimiento" en la formación de los sacerdotes y en su práctica pastoral, y a recordar a curas y confesores que ninguna "ley" puede negar el perdón al pecador, a quien Dios concede la gracia del arrepentimiento. Además de las decisiones, la carta contiene indicaciones importantes, como por ejemplo la de reflexionar la posibilidad de instituir en la diócesis una Jornada de la Biblia y de desarrollar la "lectio divina".
Las decisiones y las indicaciones -junto con una parte teológica sobre el paso del Evangelio de San Juan que narra el encuentro entre Jesús y una mujer adúltera- hacen del documento posjubilar un hecho importante de la voluntad del papa argentino de renovar en lo profundo a la Iglesia y reorientarla hacia los pobres y las periferias. Y no sólo por justicia social, sino porque es el rostro de Jesús pobre sobre el cual se debe fundar la comunidad cristiana.
Trazando el camino posjubilar, además, confirma el carácter pastoral a varios temas, como la "Amoris laetitia", en particular en el pedido de que los sacerdotes y toda la comunidad cristiana tengan cuidado de no excluir a las familias heridas.
Aunque sin un llamado explícito, el documento, responde en modo indirecto a muchas de las críticas que el Pontífice viene recibiendo en el último tiempo.
"Sorprende que justamente en la Iglesia -afirma al respecto el director del diario L'Osservatore Romano, Giovanni Maria Vian, en el editorial sobre el Jubileo- no todos comprendan el significado pastoral y misionero de sus elecciones y de su compromiso, significado reiterado con simplicidad en sus recientes entrevistas con los medios católicos italianos".
"Misericordia et misera" -que fue presentada a la prensa por monseñor Rino Fisichella, presidente del Consejo para la Nueva Evangelización, que coordinó el año santo- representa un punto de síntesis del Jubileo pero para Francisco también es claramente un punto de partida. Es un texto de empuje que transparenta la evaluación positiva sobre el Jubileo "extendido", que el Papa expresó el domingo en una entrevista a TV 2000, evaluación que no se basa sobre los números. "Si otros pensaron que el Jubileo era en primera instancia una fuente de ganancia, sobre todo en un momento de crisis como el actual -afirmó Fisichella-, equivocaron su significado más profundo".
"Lo siento, pero cada cosa tiene su razón de ser. De todos modos, pensar de un evento como el Jubileo como una instrumentalización con fines diferentes no merece réplica", sostuvo.
Los números indican que el Jubileo implicó a entre 900 y 950 millones de personas de todas partes de la Tierra, incluyendo a 21.292.926 peregrinos que participaron en los eventos jubilares que tuvieron lugar en Roma. El Jubileo viajó también por internet y el sitio oficial en siete idiomas registró 6.523.000 visualizaciones.
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