19 de febrero 2009 - 00:00

Un personaje de película

Fabbiani junto al dirigente de River Rodolfo Cuiña, anoche en el partido que jugó David Nalbandian en el Buenos Aires Lawn Tennis.
Fabbiani junto al dirigente de River Rodolfo Cuiña, anoche en el partido que jugó David Nalbandian en el Buenos Aires Lawn Tennis.
No tuvo un solo partido como titular y en total lleva jugados 63 minutos con la camiseta de River, sin embargo ya ha escrito un capítulo importante en su vida y, en menor medida, en la historia del club. Así Cristian Fabbiani vive a los 25 años su momento de mayor cercanía con la fama por el fútbol, y todo por haber hecho un solo gol importante que le permitió dar vuelta un resultado a River después de casi ocho meses sin hacerlo (Clausura 2008, le ganó a Banfield 3 a 2). Pero lo más importante fue, hasta ahora, que el protagonista de la película se plantó, casi al borde del capricho, y hasta que no lo presentaron con el escudo rojo y blanco detrás no paro. Este gesto, como lo toma el mismo José María Aguilar, con algo de amateurismo pero con mucho de hincha, lleva a despertar en el hincha de River algo inusual, ser ídolo sin haber ganado un solo título. Por eso despierta admiración en gente como Alejandro, un pibe de Longchamps que colgó su bandera con la leyenda: «Fabbiani, te cambio mi trapo por tu camiseta incondicional». Así será, el Ogro le prometió que el próximo domingo, frente a Banfield, yendo al banco igualmente hará el trueque.
«Cuando más me putean, más me agrandan», es una de las frases de cabecera de Fabbiani, que acusa 97, pero los íntimos dicen que son tres cifras en realidad lo que marca la balanza, con su carisma, su peso y lo que genera en los rivales dentro del plantel, que lo ha recibido como una necesidad imperiosa, quieren, si fuese posible, jugar mañana mismo el clásico con Boca de la fecha 10 en la Bombonera. Hoy Fabbiani se ha transformado, con el potencial de la camiseta de la banda roja en una figura de marketing. BGH, empresa de electrodomésticos lo ha elegido para que muestre la gorra con el logo de la empresa en una serie de notas mediáticas, de más está decir que ningún otro de sus compañeros hoy tiene un ofrecimiento de estas características. Ahí va el Ogro, riéndose de todos, arriba de su flamante camioneta BMW, y sabiendo que, hasta desafiando las leyes de la nutrición y el deporte de alto rendimiento, tiene en sus manos, el final de esta película que sólo él sabrá cuál es.

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