15 de diciembre 2009 - 00:31

Un temor menos; otro temor nace

Hasta ayer el Gobierno tenía que cubrir un agujero financiero de u$s 6.500 millones para el año que viene. A partir del anuncio de ayer, la utilización de reservas elimina una de las principales incertidumbres de cara al 2010, pero indudablemente abre otros signos de interrogación.

Que el Gobierno terminaría recurriendo a las reservas para cubrir el bache de financiamiento del año próximo era un secreto a voces. Prácticamente todos los últimos informes de los principales consultores económicos mencionan que los recursos del Banco Central serían claves para hacer frente a las necesidades financieras de 2010.

Con el hecho consumado, todavía resulta prematuro aventurar cuál será el impacto económico final de disponer de u$s 6.500 millones de las reservas. Pero se pueden mencionar algunos aspectos:

Se le da certidumbre a los bonistas, despejando prácticamente el horizonte en lo que respecta a la capacidad de pago hasta el fin del mandato de Cristina de Kirchner en 2011. Pero al mismo tiempo se incurre en un delicado costo institucional, ya que esta nueva aplicación de las reservas para pagarle a bonistas se hace por decreto y no por ley. «Hoy es para cumplir con el pago de deuda, mañana puede ser para comprar YPF o para cualquier otro tema que se les ocurra», razonaba un analista de un banco internacional. Se abre incluso un riesgo adicional, ya que con esta nueva aplicación las reservas del Central podrían quedar sujetas a embargo. Se descuenta, en ese sentido, que fondos buitres lanzarán nuevas ofensivas en ese sentido.

Si ya están los recursos para cubrir el bache financiero del 2010, entonces ¿para qué es necesario ajustar las cuentas fiscales? Lo que está decisión está revelando es que, en realidad, el Gobierno no tiene en los planes realizar ajuste alguno del gasto público, que este año creció a un ritmo superior al 30% y a más del 40% en este último bimestre de 2009. Plantear a esta altura que el ritmo de aumento del gasto sea equivalente a lo que sube la recaudación luce como una utopía. De esta manera, el nivel del gasto y del déficit fiscal serán temas centrales para el 2010.

Atado a lo anterior, el principal riesgo que corre la economía con esta utilización de las reservas es que el salto inflacionario resulte todavía mucho más elevado que el que se viene estimando.

Una de las batallas que se avecina está vinculada con el reparto de utilidades del Central. Según el Presupuesto 2010, el Gobierno sólo dispondrá de

$ 3.000 millones por esta vía. Pero las ganancias de la entidad que preside Martín Redrado superarían los $ 10.000 millones.
Si el Gobierno se apropia de la totalidad de esos fondos, revelaría la decisión de expandir el gasto y, al mismo tiempo, generaría más presiones inflacionarias, en un contexto de recuperación económica. Será uno de los temas que, indudablemente, generarán fricciones entre el BCRA y Economía el año próximo.

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