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Varela Montero, líder ideal para la Camerata
La presencia de un director y concertino como Freddy Varela Montero revitalizó a la Camerata Bariloche.
Un repertorio variado y amable fue la base para el lucimiento de la Camerata Bariloche en el ciclo Semana Musical Llao Llao en el Alvear, con el que por tercer año consecutivo la organización encabezada por Martín Nijensohn ofrece al público porteño una razón más para disfrutar de sus emprendimientos. Indudablemente la presencia de un director y concertino como Freddy Varela Montero, el excepcional músico chileno que también lidera la Orquesta Estable del Teatro Colón, es un signo revitalizante para esta agrupación.
Además de conducir siempre con seguridad y aplomo, el violinista tuvo un desempeño brillante en el «Concierto para violín, oboe, cuerdas y continuo» BWV 1060R de Bach. Allí, junto a Andrés Spiller (quien abordó su parte con su ya conocida solvencia), Varela Montero exhibió soltura técnica, musicalidad sin límites y expresividad en el «Adagio» central, para una partitura cuyo entramado contrapuntístico la convierte en el non-plus-ultra del «concerto» barroco.
Previamente, y como apertura del programa, el conjunto había brindado una versión fresca de la primera de las «Seis sonatas para cuerdas» en las que el joven Gioacchino Rossini ya mostraba su inventiva melódica y su buen humor. El «Concierto para cuatro violines, cuerdas y continuo», el décimo de la colección «Lestro armonico» de Antonio Vivaldi (con Varela, Demir Lulja, Grace Medina y Daniel Robuschi, más un par de intervenciones destacadas del cellista búlgaro Stanimir Todorov) contó, salvo cierta pesadez en el «Largo», con una versión ajustada.
Tras el intervalo (y la segunda y siempre mesurada presentación de Nelson Castro), la Camerata abordó la famosa «Serenata para orquesta de cuerdas» opus 48 de Tchaikovsky. Desde la solemne intensidad de los acordes iniciales hasta su «reprise» sobre el final, y especialmente en los movimientos tercero y cuarto, el discurso musical tuvo un alto vuelo y se constituyó en el punto más alto del concierto en lo que respecta al ensamble. Con «Escualo» de Astor Piazzolla como obra fuera de programa, Varela Montero hizo nuevamente gala de su maestría en las cuatro cuerdas y puso el toque de «swing» ideal para coronar la noche.


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