Una acción es una parte en un emprendimiento económico que garantiza a su titular una serie de derechos. De todos los derechos, el más importante por lo significativo es el de votar. Esta votación toma dos formas, la más conocida es la convocatoria anual de accionistas, pero en el caso de las empresas cotizantes tenemos otra que se da todos los días y suele ser tanto o más eficiente: la compra/venta de las acciones. Cuando vemos lo que está sucediendo con un papel como Apple y otro como YPF, más allá de lo económico, lo especulativo, lo político, o lo corrupto, lo que vemos es gente/accionistas ejerciendo el primero y último de sus derechos: comprar o vender. Por esto es importante que los mercados no cierren, permanezcan abiertos, exijan el máximo de información y transparencia, y que salvaguarden el primer y último derecho de los accionistas, por más que le duela a quien le duela. El comportamiento del mercado de las últimas semanas no ha sido ni el más previsible ni el más deseado por muchos. Para poder sortearlo hace falta al menos la habilidad de la legendaria Jazmín A. piloteando su ripstick. Así la misma semana en que el Dow marcó el máximo desde diciembre de 2008 terminó siendo la que experimentó la mayor baja en lo que va de 2012. Tal vez lo que más intranquilizó fue que se trató de una semana acotada por el feriado del viernes santo, lo que hubiera hecho que fuese relativamente fácil que en lugar del 0,11% que perdió el Promedio Industrial el jueves, al cerrar en 13.060,14 puntos, hubiese tenido una sesión alcista que hubiese mitigado el 1,15% cedido desde el viernes anterior. Si algo evidenció lo ocurrido es que no muchos estuvieron dispuestos a quedar expuestos al largo plazo de 72 horas.
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