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Wall St., entre la fascinación y la prudencia
Puede haber excesos y puede haber irracionalidad, no se discute, pero ésta no es la exuberancia irracional que Alan Greenspan, cuando mandaba en la Fed, corría de atrás, imposible de enlazar. La exageración que era visible en marzo rodó sola sin más zancadilla que un comentario al paso de William Dudley, el titular de la Fed de Nueva York. Lejos de proclamar su espanto por los excesos, Dudley los negó (con una explicación calcada de la que dio Janet Yellen la semana pasada en el Congreso). Lo que sí reconoció fue que podían existir bolsones de fervor injustificado. Citó los precios de los campos (aunque admitió que ya habían comenzado a corregirse). Y apuntó que le habían dicho (sic) que algo similar ocurría en las acciones de biotecnología. Y si bien el execonomista jefe de Goldman Sachs dejó en claro que estos excesos puntuales no le quitaban el sueño, Wall Street tomó sus palabras al pie de la letra.
La historia que sucedió después es conocida: las acciones de biotecnología y no sólo ellas, también las que reflejaban un derrotero asimilable, como las de internet, fueron bajadas de la nube de un hondazo. Llamamos a este proceso de autodepuración, el efecto Dudley. Ambos sectores se desmoronaron hasta el 25% entrando en lo que podría definirse como un mercado bear si fueran papeles tradicionales, pero que no es más que un resbalón para compañías de frenético crecimiento en renglones de rápida innovación. El sacudón en el NASDAQ y el Russell 2000 fue violento y, de vuelta, sin que mediara ningún artificio extraño. No fue la Fed, la economía ni los balances. Mucho menos la geopolítica del este europeo (más dañina en principio para las grandes empresas -los blue chips- con intereses y negocios globales que para las pequeñas -los small caps-, que suelen operar en mercados locales o muy especializados). ¿Burbujas? ¿Meras pompas de jabón? Una cosa es cierta: no irán muy lejos si sufren ataques de pánico y no saben controlarlos.
Decíamos que el abordaje de los 1.900 puntos por parte del S&P puede romper la chatura. Si se coloca una pica allí y la posición se afianza, será una plataforma para ensayar un avance más ambicioso. Pero nadie creerá que la cosa va en serio si la tasa de diez años, como ayer, vuelve a sumirse en el 2,61%, máxime con una economía que ya salió del "freezer". O si el NASDAQ después de rebotar con ímpetu un día, se desinfla al siguiente. Es decir, si la suba es mera cobertura de mal vendidos. Entiéndase bien: no es un programa criticable para el mes de mayo. Pero cuesta pensar que se relanzará el rally a full en estas desparejas condiciones, aun cuando los 1.900 puntos constituyan un récord no desdeñable. Es difícil ignorar que falta convicción. Y falta desde que empezó el año. La valuación is the question, dijimos entonces. También lo era en 2013, pero no importaba. Ahora el mercado duda. Lo que no es una crítica, porque no está mal. Es simplemente una descripción basada en haber visto a Wall Street dejar pasar ya tres oportunidades -tras los dos últimos informes de empleo y el balance de Apple- más jugosas aún que la actual.


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