Una marea de argentinos de toda procedencia inundó centros de votación en la costa este y por la noche coparon la residencia de Martín Lousteau. En Buenos Aires, Noah Mamet sumó 350 invitados.
Los argentinos que vivieron ayer prendidos de la expectativa del resultado de las elecciones en Estados Unidos se dividieron anoche en cócteles entre dos embajadas: el que invitó Noah Mamet en Buenos Aires (unas 350 almas llenaron el Palacio Bosch) y el que organizó Martín Lousteau en Washington para recibir a la marea de políticos, diputados, senadores, funcionarios, intendentes y opinadores que partieron a esa ciudad.
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Anoche la espera de los resultados se daba también a dos bandas. En Washington, el gentío era tal que no permitía identificar claramente de dónde provenía cada invitado a la sede diplomática. De hecho la esposa del embajador, Carla Peterson, pasó rauda por el salón y partió por la escalera quizás temiendo que se perdiera el control del convite frente a la marea humana que se ubicaba frente a ella.
En ese salón, mientras se degustaban una suerte de choripanes que desconcertaron ya que fueron hervidos en lugar de asados, por lo que parecían una fusión entre el clásico argentino y los hotdogs yankis, se comentaba la presentación que había hecho el día anterior María Eugenia Vidal en la Universidad George Washington. La gobernadora optó por no sumarse a la troupe y partió de EE.UU. un día antes de las elecciones. Alfredo Atansof, Juan Manuel Abal Medina, Gustavo Marangoni, Mario Ishii (le costó entrar a la legación) se contaban entre los catadores de esa rareza gastronómica.
Raúl Aragon y Mariel Fornoni estuvieron más ocupados explayándose con su expertise en materia de análisis electoral. En materia de elecciones, Pablo Clusellas y José Torello, asesor presidencial, están haciendo un curso acelerado en estos días en Washington donde se los instruye sobre cómo explicar los sistema electorales electrónicos, una previa de la ley que se está debatiendo en Buenos Aires.
Está claro que estas elecciones en los Estados Unidos quedarán registradas por varios temas, entre ellos esa cantidad de políticos argentinos que participaron respondiendo a múltiples invitaciones.
Fue extraño que la veterana diputada Graciela Camaño cometiera el error de tuitear una foto (ver aparte) con un colectivo estadounidense repleto de diputados y funcionarios para luego subrayar su error borrándolo.
Así en la pimera fila se podía observar a la diputada Silvia Lospennato, una experta en temas electorales desde su época de ladera de Atasanoff o Marco Lavagna, entre otros.
Llamó la atención la presencia de Alejandra Caballero, presidenta de la AFJP Nación, empresa en liquidación desde hace 8 años; a la funcionaria de reconocida capacidad para la acumulación de millas se le desconoce vínculo alguno con temas electorales.
La pulsión por la selfies y la adicción a las redes sociales demuestran las flaquezas de la corporación política, cuya vulnerabilidad está en los escraches como bien lo demostró el retroceso en el aumento de dietas de la semana pasada.
El acceso a la información debería regular en qué casos los diputados y/o funcionarios pueden aceptar invitaciones, cuál es el propósito de éstas, quién las financia, si el que invita o cursa una simple invitación hace que el Congreso debe pagar. Asimismo, se está generalizando una tendencia que ya en este año demostró una obscena exhibición durante los festejos del Bicentenario en Tucumán, donde los representantes del pueblo fueron acompañados por cónyuges, novias y familiares directos y colaterales de todo grado, junto a una corte de asesores, secretarios y voceros oficiosos, con pasajes oficiales y estadías pagas.
El cambio de Gobierno pareció inaugurar una etapa de austeridad que duró menos que la vocación de reducción del gasto público, ya que ahora se observa que los excesos nacionales pasan de cabotaje alplano internacional. El déficit creciente y la cantidad de problemas irresolutos debería convocarlos a una profunda reflexión sobre el rol político.
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