21 de febrero 2014 - 00:00

Y Lorenzetti, el manejo de fondos

Finalmente el kirchnerismo no logró en el plenario de ayer cumplir con su objetivo de promover un nuevo administrador para el Consejo de la Magistratura: ya con Alejandro Sánchez Freytes como presidente, fue confirmado en ese cargo Germán Krieger, quien venía oficiando como subadministrador. Es un movimiento clave porque el cuerpo colegiado vive un momento crítico en cuanto a su economía y este funcionario se ha transformado, en las últimas dos semanas, en una pieza clave para encontrar una respuesta a la incógnita sobre quién se hará cargo de todos los sueldos del Poder Judicial en el mes de marzo ya que la Corte desistió de continuar financiando al Consejo. Con un pasado como funcionario en el Ministerio de Economía, el ascenso de Krieger es visto con buenos ojos en la Corte Suprema ya que en los últimos años ha desarrollado una relación cordial con Ricardo Lorenzetti y con el administrador de la Corte, Héctor Marchi. Una sintonía que se torna indispensable si se considera que gran parte de los movimientos de fondos del Consejo deben ser acompañados por la firma del administrador cortesano.

Hace veinte días, apenas la Corte avisó que dejaba de financiar el Consejo con su fondo anticíclico Krieger, protagonizó las conversaciones con Jorge Capitanich.

Le llevó los números del Poder Judicial al jefe de Gabinete y ganó handicap cuando le explicó que el 90% de los fondos que administra son para sueldos cuyos incrementos se deciden en la Corte.

Los idus de marzo lo encontrarán con su primera prueba de fuego que consiste en reunir 600 millones de pesos para abonar salarios. Le alcanza para los sueldos netos pero todavía hay un faltante en lo referido a las cargas sociales que requieren ANSES y AFIP. Será un tema a conversar en Balcarce 50.

La clave podría estar en ciertos incisos de la ley de autarquía del Poder Judicial mediante los cuales el Tesoro podría girarle fondos al Consejo hasta que se realice una reforma presupuestaria que le de mayores posibilidades al cuerpo colegiado y que termine con esa ironía que indica que mientras la Corte puede ahorrar el Consejo se encuentra condenado a un estado de déficit permanente.

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