«El aumento de los precios de algunos activos podría dar lugar a una forma de W, de doble recesión. Gracias a la enorme liquidez inyectada, los precios de la energía están aumentando mucho y muy rápidamente». La alerta pertenece a Nouriel Roubini, que mantiene su escepticismo sobre la posibilidad de una pronta recuperación de la economía global. En un artículo reciente en el diario Taipei Times, el gurú financiero advierte que «las políticas monetarias laxas y las enormes sumas gastadas para estabilizar el sistema financiero podrían estar gestando una nueva burbuja en los mercados financieros y de commodities».
Nouriel Roubini
En los últimos tres meses, los precios de los activos se recuperaron notablemente: las acciones subieron más del 30% en las economías avanzadas y mucho más en la mayoría de los mercados emergentes. Los precios de los productos básicos (petróleo, energía y minerales) se dispararon, los spreads entre el rendimiento de los bonos corporativos y gubernamentales se redujeron de manera espectacular, al aumentar considerablemente el rendimiento de títulos públicos; la volatilidad disminuyó y el dólar se debilitó por la menor demanda de activos seguros.
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Si bien los datos económicos sugieren que la mejora se produjo en los fundamentos -el riesgo de una depresión se redujo; se espera que la recesión mundial tocará fondo antes de fin de año y disminuye la aversión al riesgo-, no es menos evidente que otros factores también están en juego, indicando que la economía mundial aún no tocó fondo. De hecho, muchos riesgos de una corrección bajista en el mercado se mantienen.
En primer lugar, la confianza y la aversión al riesgo son volátiles, y nuevos ataques de volatilidad vendrían si los datos macroeconómicos y financieros fueran sorprendentemente malos, que lo serán si no se verifica en el corto plazo la robusta recuperación mundial que mucha gente espera.
En segundo lugar, las políticas monetarias laxas (cero las tasas de interés, las nuevas facilidades de crédito, las emisiones de bonos del Gobierno y las compras de liquidez y de riesgo privados), junto con las enormes sumas gastadas para estabilizar el sistema financiero, podrían estar gestando una nueva burbuja en los mercados financieros y de commodities. Por ejemplo, empresas públicas chinas que obtuvieron enormes cantidades de dinero y crédito fácil están comprando acciones y almacenando productos básicos mucho más allá de sus necesidades productivas.
El riesgo de una corrección por informes macroeconómicos decepcionantes es claro. De hecho, datos recientes de los EE.UU. y otras economías avanzadas indican que la recesión puede durar hasta fin de año. Peor aún, la recuperación probablemente sea frágil y muy por debajo del potencial por un par de años, si no más; porque la carga de la deuda y el apalancamiento del sector privado se combinan con el aumento de las deudas del sector público para limitar la capacidad de los hogares y las empresas par prestar, pedir prestado, gastar, consumir e invertir.
Este escenario socava las esperanzas de una recuperación en «V», por el escaso crecimiento, las presiones deflacionarias y las tasas de desempleo superiores al 10%. Al mismo tiempo, las crisis financieras en un número de mercados emergentes podrían ser contagiosas, dando tensión adicional en los mercados financieros mundiales.
El aumento de los precios de algunos activos podría dar lugar a una forma de W, de doble recesión. En particular, gracias a la enorme liquidez inyectada, los precios de la energía están aumentando mucho y muy rápidamente. El papel que desempeñaron los altos precios del petróleo llevando a la economía mundial a la recesión no debe subestimarse. El petróleo por encima de los u$s 140 por barril fue el colmo para el colapso de la economía mundial, ya que representaba un enorme shock de oferta para los EE.UU., Europa, Japón, China y otros importadores netos de petróleo.
Mientras tanto, el aumento de los déficits fiscales en la mayoría de las economías está ahora presionando el rendimiento a largo plazo de los bonos del Gobierno. El «crowding out» de la demanda privada, por el mayor rendimiento de los bonos del Gobierno -y el consecuente aumento en las tasas hipotecarias y otros créditos privados-, podría, a su vez, poner en peligro la recuperación.
Como resultado de ello, no se puede descartar que a fin de 2010 o en 2011, se conjure una «tormenta perfecta» de petróleo por encima de los u$s 100, aumento del rendimiento de los bonos del Gobierno y subas de impuestos, que dé lugar a una ralentización de la recuperación del crecimiento, si no a una verdadera doble recesión.
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